martes, 1 de diciembre de 2009

CAPÍTULO VI: LA CAPITULACIÓN DE ABIMAEL GUZMÁN REINOSO

Pese a todos estos éxitos que culminaron con la captura de los cabecillas de las dos redes terroristas, Abimael Guzmán Reinoso (a) “Gonzalo”, de Sendero Luminoso; y Víctor Polay Campos (a) “Rolando”, del MRTA, el presidente Fujimori fue consciente que estos logros no necesariamente significaban la derrota del terrorismo, de allí que para impedir que el Perú continúe sufriendo esa etapa de destrucción y muerte se propuso dos objetivos políticos inmediatos:
— Primero, evitar el reagrupamiento y reorganización de las redes terroristas; y,
— Segundo, conseguir que una cantidad de dirigentes y militantes se aparten de la lucha armada mediante la aplicación de la Ley de Arrepentimiento.
Ahora bien, si dejamos de lado el llamado “mito Gonzalo” cuidadosamente construido por Sendero Luminoso alrededor de su cabecilla, lo único cierto y real es que Abimael Guzmán Reinoso es un hombre como cualquier otro y por tanto está sometido a los condicionamientos de la sociedad y del medio familiar e intelectual en el que se ha desarrollado. En este orden de ideas podemos concluir que es un individuo con un carácter y personalidad específicas, sujeto a pasiones, ambiciones, debilidades, temores, vanidades y todo el conjunto de valores y flaquezas que determinan y configuran a la persona humana en la sociedad.
Si bien la captura de Abimael Guzmán Reinoso y de Elena Albertina Iparraguirre Revoredo fueron un golpe contundente propinado al terrorismo, una importantísima victoria táctica de la DINCOTE contra la red Sendero Luminoso, el Estado peruano requería una derrota estratégica de la organización, a fin de revertir más de una década de violencia y destrucción que impedía el desarrollo del país, pues sólo de esta manera se podía sentar las bases para el despegue sin el peligro de esa amenaza.Es por ello que después de estas capturas y poco antes de que se diese inicio al proceso judicial que se les siguió a los cabecillas mencionados, se presentó la oportunidad propicia para someterlos a una Operación Especial de Inteligencia (OEI), aprovechando que se encontraban en un Centro de Reclusión Militar y bajo aislamiento. Esto debía hacerse con el objeto de que mediante un manejo psicológico, adecuadamente conducido, ellos llegaran al convencimiento de la necesidad de dar término a la violencia terrorista, en vista de que su aventura ya no tenía ninguna posibilidad de éxito, de que continuar en la lucha solo conduciría a la liquidación total y fracaso vergonzoso de su causa. Dicho con otras palabras, se pretendía que capitularan en toda la línea.
La enorme jaula donde fue presentado Abimael Guzmán Reinoso a la prensa nacional e internacional.
Luego fue trasladado a Isla San LorenzoDe acuerdo a este concepto inicial el presidente Fujimori aprueba la recomendación que se le presentara y disponía que el Servicio de Inteligencia Nacional formulara el Plan de Operaciones de Inteligencia correspondiente. El Jefe de Estado me encarga la responsabilidad de conducir personalmente —como oficial del caso— la operación, en el más estricto secreto, debiendo sólo él ser informado del grado de avance y de los resultados obtenidos.
El plan, formulado a fines de septiembre de 1992 se denominó “Misti 92", y yo como arequipeño de pura cepa, usé este nombre emblemático para significar que el Estado peruano podía ser en su defensa también un volcán, y qué volcán más majestuoso y otrora temido que el Misti. Para neutralizar la amenaza cotidiana del terror colectivo instaurada por la guerra que había iniciado la banda terrorista de, curiosamente, otro arequipeño, Abimael Guzmán Reinoso, hablaría la montaña tutelar de la Ciudad Blanca.
Para ese entonces ya había ocurrido el cruel y repudiable atentado terrorista en la calle Tarata —ubicada en el distrito de Miraflores del departamento de Lima—, donde el 16 de julio de 1992 siendo las 21:05 horas un comando operativo de la red terrorista Sendero Luminoso hizo explotar un coche bomba con 600 kilogramos de dinamita y anfo. La estruendosa explosión causó la muerte de 25 personas, e hirió a otros cientos, dejando, además 400 familias damnificadas por los cuantiosos daños materiales ocasionados.
Este espantoso ataque terrorista, dirigido exclusivamente contra blancos civiles, mostró al país la entraña más cruel y homicida de Sendero Luminoso, pues la explosión producida fue un verdadero monumento a la barbarie y al crimen. Ya hemos dado cuenta de muertos, heridos y damnificados, pero lo que mejor ilustra la brutalidad e humanidad sin límites del terrorismo son los daños que sufriera una niña de 5 años de edad, Vanesa Quiroga, hija de una humilde vendedora que tenía un puesto ambulante en el lugar del atentado. Esta pequeña perdió la pierna izquierda como efecto de la devastadora explosión y se convirtió por ello en el símbolo de una tragedia indescriptible como fue el atentado de la calle Tarata. Este atentado, que superó a muchos por lo bestial e inhumano, sirvió para que la nación tomara conciencia de que las hordas senderistas estaban ya en Lima y eran capaces de cualquier cosa. Había que poner un punto de quiebre a esta peligrosa y demencial situación de violencia.Entonces, en armonía con los objetivos nacionales y en concordancia con los objetivos políticos de gobierno, me fijé dos objetivos de inteligencia que debía lograr en la Operación Especial de Inteligencia y que son: — Primero, lograr la capitulación de Abimael Guzmán Reinoso (a) “Gonzalo” y de Elena Albertina Iparraguirre Revoredo (a) “Miriam”, como máximos dirigentes de la red terrorista; y, — Segundo, lograr la división o escisión de la red terrorista Sendero Luminoso produciendo de esta manera la ruptura orgánica de la agrupación.
Estando a estos dos objetivos de inteligencia, la misión asignada en el plan de operaciones fue la siguiente:El Servicio de Inteligencia Nacional se encargaría de desarrollar una operación especial de inteligencia, destinada a establecer contacto en el centro de reclusión de la Base Naval del Callao con Abimael Guzmán Reinoso (a) “Gonzalo” y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo (a) “Miriam”, miembros titulares del Comité Permanente de la red terrorista Sendero Luminoso, con la finalidad de ganar la confianza, elaborar sus correspondientes perfiles, y conocer la concepción, organización, manejo, antecedentes históricos y otros, de estos detenidos. Asimismo, una vez conseguida la aproximación y alcanzados los objetivos previstos anteriormente, se trataría de crear una situación emocional adecuada para que dichas personas, en forma voluntaria, acepten la derrota de su organización y la necesidad de dar término definitivamente a la guerra interna en el Perú, mediante la capitulación.
Para el cumplimiento de la misión, se determinó que la operación especial de inteligencia debía desarrollarse en dos etapas:La primera, en la que personal del Servicio de Inteligencia Nacional efectuase una aproximación a Abimael Guzmán Reinoso (a) “Gonzalo” y ElenaAlbertina Iparraguirre Revoredo (a) “Miriam”, con el objetivo de generar una empatía que permitiese establecer con ellos un diálogo de adecuada fluidez, a fin de conocer:
— Aspectos desconocidos de sus biografías
— Las características de sus personalidades.
— El grado de solidez intelectual y formación ideológica.
— La opinión que tienen sobre la situación actual del país.
— Su percepción sobre la política del gobierno respecto a la subversión.
— Su opinión acerca de los partidos políticos.
— Su apreciación personal sobre la actuación de los Servicios de Inteligencia.
— Su opinión acerca del rol de las fuerzas del orden en la lucha contrasubversiva.
— Su opinión sobre el clero. — Su estado de salud y necesidades primarias.
La segunda: una vez conseguida la aproximación, establecido el diálogo y alcanzados los objetivos iniciales de la primera etapa, se daría inicio a la segunda etapa de la operación especial de inteligencia, con la finalidad de que tanto Abimael Guzmán Reinoso (a) “Gonzalo” como Elena Albertina Iparraguirre Revoredo (a) “Miriam” acepten espontánea y voluntariamente la derrota de su organización y la necesidad de dar término a la guerra interna que desde hacía doce años vivía el país, mediante la capitulación. Esto presuponía:
— Reconocer que el Gobierno había recuperado la iniciativa y que Sendero Luminoso estaba en irreversible retroceso.
— Reconocer el hecho de que cada vez era mayor el número de bajas y detenidos senderistas.
— Reconocer que la inmensa mayoría de la población rechazaba a Sendero Luminoso.
— Reconocer que la ciudadanía estaba cada día mostrando mayor disposición a colaborar con las fuerzas del orden.
— Reconocer que sus capturas han significado un rudo golpe y el descabezamiento de su organización.
— Reconocer que los Comités Regionales y Zonales de Sendero Luminoso estaban a la deriva o habían sido desactivados y que el llamado Ejército Guerrillero Popular (EGP) venía sufriendo derrota tras derrota.
– Reconocer que ante este panorama, carecía de todo sentido continuar una lucha que adolecía de apoyo popular y no tenía la menor perspectiva de éxito, por lo que, de no aceptar esta realidad, estarían actuando con absoluta falta de objetividad, conducta que es impropia en quienes se proclaman marxistas - leninistas - maoístas.– Reconocer que si se mantuviesen aferrados a una actitud rígida, lo único que obtendrían es que cada día fuese mayor el número de bajas senderistas y ellos serían los únicos responsables de esto.
A estas alturas, en el Servicio de Inteligencia Nacional teníamos una clara comprensión de que las amenazas a la seguridad nacional del Perú provenían de actores internos no estatales asimétricos que estaban interactuando en alianza con organizaciones criminales transnacionales, quienes venían desarrollando una Guerra de Cuarta Generación –reitero– cuya característica principal es la Guerra Asimétrica contra el Estado peruano iniciada y ejecutada por la red terrorista Sendero Luminoso en conjunción estratégica con los cárteles del narcotráfico.También éramos conscientes de que este tipo de guerra doctrinariamente había que librarla desde un alto terreno moral, lo que implicaba una conjunción de ideas y tecnología. Por tanto, estaba claro que los ejes centrales en las formas de enfrentar y hacer la guerra son, primero las ideas y, luego, la tecnología. Consecuentemente, los factores de dominación en las guerras de Cuarta Generación no son los que provienen de la tecnología –si bien tienen un elevado impacto en el desarrollo de la misma–, sino los que derivan de las ideas.Dentro de este esquema estratégico, quienes se amolden o adapten a las oportunidades de innovación en el campo de las ideas –que son el producto de diversos factores– obtendrían y obtendrán ventaja con respecto al enemigo. Debíamos pues –y debemos–afrontar la amenaza de la Cuarta Generación con mejores ideas.Tomando como marco de referencia conceptual estas vigas maestras, se da inicio a una inédita operación especial de inteligencia, única en la historia de la comunidad de inteligencia peruana, lo cual constituyó un auténtico reto en mi carrera profesional como oficial de Inteligencia, y una enorme responsabilidad que asumí consciente de que debía estar a la altura de la misión encomendada.
Tenía que demostrar la superioridad ética del Estado frente a la violencia homicida de Sendero Luminoso y ahora se presentaba la oportunidad al conducir personalmente –como oficial del caso–la operación que me pondría frente a frente nada menos que con Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo, los dos máximos dirigentes de la red terrorista Sendero Luminoso.¿Estaré a la altura de la misión?, me pregunté una y otra vez. Era una interrogación íntima, motivada más que por la duda, por la gravedad del encargo. Pero, en puridad de verdad, tenía la más firme convicción de que cumpliría ese encargo, y lograría los dos objetivos de inteligencia que me propuse para esta operación. No estaba en lo absoluto nervioso, pero sí algo emocionado por el inicio de esta tarea, la más importante de mi vida profesional. Me relajé antes de partir al encuentro de Guzmán e Iparraguirre. En mi dormitorio, sin nadie que me interrumpiera, como así lo dispuse, prendí el equipo de música y coloqué los discos compactos. Sin pensar por el momento en nada, me dejé llevar, me dejé transportar por las notas musicales de la tercera y luego la quinta sinfonías de Ludwig van Beethoven interpretadas por la famosa “Berlin Philharmonic Orchestra” bajo la dirección del celebérrimo maestro Herbert von Karajan. Según los melómanos entendidos, las mejores versiones de esas dos obras maestras. Cuando la música del gran autor alemán cesó, me incorporé y partí hacia mi destino, la Isla San Lorenzo.
El líder senderista estaba celosamente custodiado por personal de la Infantería de Marina en la Isla San Lorenzo.
Durante el trayecto de la sede del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) hacia la Base Naval del Callao estuve pensativo repasando mentalmente todas las técnicas de aproximación al objetivo, para evitar generar suspicacias o desconfianza al realizar el contacto personal.Abrí una vez más la carpeta que contenía la “Ficha Básica de Personalidad” de Abimael Guzmán Reinoso, ficha que se tenía en la Base de Datos del SIN. La lectura de esta información era para un refresco de lo conocido de este enigmático personaje, alrededor del cual se había formado todo un mito, al punto de haberse elevado sus ideas y planteamientos al nivel de una categoría dialéctica, el llamado “Pensamiento Gonzalo”. Con una pretensión bastante audaz, los senderistas colocaban este cuerpo de ideas en el mismo plano que el pensamiento de Marx, Lenin o Mao. Me entretuve releyendo también durante el trayecto el contenido de su tesis “El Estado Democrático Burgués”. Me detuve en esa relectura cuando llegamos a la Base Naval del Callao.Fui recibido por el Director de Inteligencia Naval, quien nos condujo directamente hacia la Escuela Naval en La Punta. Allí nos esperaba el director de ese centro de estudios, quien inmediatamente nos guió hasta el muelle donde se encontraba una embarcación que desde ese día sirvió de transporte durante todo el tiempo que Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo permanecieron recluidos en la Isla San Lorenzo.Al llegar a la Isla San Lorenzo con personal y equipo técnico de apoyo del SIN, fuimos recibidos por el jefe de las instalaciones navales allí existentes. Este nos llevó a sus oficinas para esperarla llegada de los vehículos en los que nos transportaríamos al otro lado de la isla, lugar donde estaban recluidos Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo, bajo custodia del personal de la Fuerza de Operaciones Especiales (FOES) de la Marina de Guerra del Perú —a cargo de la seguridad externa— y de elementos de la Dirección de Inteligencia Naval, quienes eran los responsables de la custodia directa y personal de los detenidos.Luego de una breve espera nos desplazarnos en dos carros militares hasta llegar al área de reclusión y la primera impresión que tuve fue de asombro. Sí, de asombro, pues no me imaginé que la casa donde se alojaba el presidente Fujimori cuando iba de descanso los fines de semana a la mencionada isla, se había acondicionado como local de prisión exclusiva para Abimael Guzmán Reinoso. Adecuado a dicha situación coyuntural, el inmueble se encontraba rodeado de concertinas (alambradas de púas en forma ovalada), trampas cazabobos y minas antipersonales.Entre tanto, en los contornos exteriores personal del FOES tenía cuatro fortines con ametralladoras calibre punto 50, y se había construido un pequeño y único camino desde el exterior al interior de la vivienda, pues el resto era intransitable. Asimismo, se veía en el mar dos cañoneras y un submarino que brindaban protección acuática a la isla y los botes zodiac monomotores con elementos del FOES en estado de alerta. Es decir, toda una parafernalia bélica.Cabe señalar que el personal naval a cargo de la seguridad interna y externa estaba fuertemente armado y tenía el rostro cubierto con pasamontañas, dizque para que Abimael Guzmán Reinoso no conozca sus caras y pueda identificarlos posteriormente. Es por esta razón que gentilmente los marinos me ofrecieron un pasamontañas para colocármelo, pero con la misma cortesía, y con una sonrisa amable, rehusé esa prenda. Aceptar ese ofrecimiento contradecía la naturaleza del trabajo de inteligencia que se desarrollaría y la misión de nuestro Plan de Operaciones de Inteligencia. Había, pues, que contactar a los objetivos a rostro abierto y sin temor alguno.Ahora bien, por razones de estrategia decidí entrevistar en primer lugar a Elena Albertina Iparraguirre Revoredo. Quería tener una apreciación directa de su perfil personal y conocer su comportamiento carcelario en condiciones en las que era visitada sin las rigideces propias que imponían sus custodios navales. Nuevamente se insistió en que me pusiera un pasamontañas para cubrirme el rostro, lo cual otra vez rechacé, para asombro y estupor de los miembros de la Marina de Guerra, que no alcanzaban a comprender, dentro de su formación tradicional y sus parámetros mentales clásicos, por qué razones me atrevía a conversar con elementos de la más alta peligrosidad mostrando el rostro y revelando mi verdadera identidad.Esa es la diferencia conceptual entre una formación convencional simétrica con un proceder que guarde coherencia con la situación real que se vivía, que nada tenía que ver con esa formación, por respetable que fuese. Había que actuar, en toda circunstancia, sin perder de vista la lógica de la Guerra Asimétrica o Guerra de Cuarta Generación. A esta concepción debía enfrentársele con una perspectiva ética y moral distinta, con ideas nuevas; era él único modo de luchar exitosamente contra actores no estatales internos que operaban contra el Estado peruano.
Por su alta peligrosidad Elena Albertina Iparraguirre Revoredo estaba recluida en uno de los ambientes que ocupaban los mayordomos de la residencia presidencial, a unos cincuenta metros de distancia aproximadamente. En ese lugar se había acondicionado un alojamiento como celda unipersonal. Este ambiente disponía de una tarima de cemento como cama y un retrete que funcionaba en el mismo sitio. La puerta externa era de fierro con una barra vertical con cinco candados de seguridad y una pequeña ventanilla en la parte media superior de la puerta, que se abría desde el exterior y por donde le alcanzaban sus alimentos.Tuve que pasar el rito que consistía en esperar que el oficial encargado de la custodia de Iparraguirre se comunicara por radio con cada uno de los miembros del personal de oficiales que tenía en su poder la llave de un candado. Estos se encontraban ubicados descentralizadamente en cinco puntos diferentes de la isla. Se produjo el diálogo radial siguiente:
— ¡Charlie Uno, Charlie Uno de Alfa!¡Alfa contesta, Charlie Uno! ¡Adelante!— ¡Charlie Uno, venga!— ¡Comprendido Alfa, voy!
Y así sucesivamente el oficial con el indicativo Alfa fue llamando a cada uno de los cinco Charlies. Estos llegaron en distintos vehículos, escalonadamente, con su uniforme camuflado y el correspondiente pasamontañas que les cubría el rostro, con su respectiva llave colgada en una cadena alrededor del cuello.Luego de este procedimiento operativo vigente (POV) se abrió la puerta de la celda e ingresé solo. La primera escena que se presentó a mis ojos fue la de Elena Albertina Iparraguirre Revoredo recostada en su cama. Cuando advirtió mi presencia, sin compañía alguna y vestido de civil, con polo y pantalón, se incorporó instantáneamente tal si fuera un resorte comprimido. Entonces para generar un escenario distendido y no sienta ella ninguna presión le digo:
—Tranquila señora Elena. Siéntese, por favor... Y ante todo disculpe, buenos días.—Buenos días, señor.—¿Sería usted tan gentil de concederme unos minutos de su tiempo para saber cómo está y en qué puedo servirla?Mis palabras la sorprenden y desconciertan, vacila unos instantes antes de contestarme sentada al pie de su cama.—¡No lo puedo creer! ¡Usted es el doctor Montesinos en persona!—Sí, señora Elena, soy Vladimiro Montesinos Torres. Mucho gusto de conocerla, estoy a sus órdenes.—Increíble que usted venga a verme. ¿Sabe cómo está el doctor Guzmán? —me inquiere educadamente.—Sé que está muy bien —le contesto de modo calculadamente parco.—¿Lo ha visto usted?—No, señora Elena. Recién lo voy a ver después de usted. Pienso que primero son las damas y luego los caballeros.—Qué educado, doctor.—Gracias, señora Elena. Dígame, ¿cómo la tratan y qué necesita?—Yo estoy bien, el trato es correcto como prisionera de guerra.—¿Qué desea le transmita al señor Abimael Guzmán en su nombre?—¿Puede llevarle algún recado mío?—Sí, claro, señora Elena. Le voy a proporcionar una hoja de papel, escríbale una nota.—Sí, una nota...—Pero no una carta de amor —bromeo.
Su reacción es positiva, la ayuda a distenderse.—Ja, ja, ja, ja... —suelta una espontánea carcajada.
En realidad nos reímos los dos al unísono y pronto percibo que así estaba logrando obtener alguna apertura de su parte. Solicité una hoja de papel y entró un oficial del FOES con pasamontañas, con un fólder con papeles; tomo uno y se lo entrego.—No tengo lapicero. ¿Me podría proporcionar uno?—Un momento —le contesto. Abro la puerta, que estaba junta, y le pido al oficial que me dé un lapicero, pues el mío estaba en mi maletín de mano. Este me alcanza uno y le indico que por favor le diga al personal que dentro de cinco minutos nos constituiremos al otro lugar. El oficial no me contesta y le repregunto:
—Señor, ¿me escuchó usted? ¿Me entendió el servicio que le he solicitado?El FOES sigue mudo y no me contesta, y entonces le pregunto a su jefe:
—¿Por qué no contesta? ¿Qué pasa?—Nada, señor, sólo que tenemos la orden de no hablar delante de los detenidos, pues nos pueden en el futuro identificar por la voz.Sonreí para mis adentros y pensé luego: ¡Qué tal fetichismo de esta gente, que tal rigidez mental! Son unos rígidos mentales. Sin duda, había que cambiar la formación militar de esta gente para adaptarla a lo que ocurría fuera de sus manuales castrenses, a este nuevo tipo de guerra.Después de recibir el bolígrafo del oficial “mudo”, entrego éste a la señora Iparraguirre y ella escribe una nota para Abimael Guzmán. Luego me la da, diciéndome:
—¡Gracias! ¡Muchas gracias! Espero volver a verlo algún otro día.—¿Usted quisiera que la visite en otras ocasiones? —le pregunto muy cortésmente.
Ella sonriente y distendida me contesta:—¡Por supuesto! Me agradaría volver a verlo.—Así será, señora Elena. Volveré. Con su permiso.
Le extendí la mano para despedirme y ella hizo lo mismo. Dentro de mí sentía la satisfacción y convicción de haber puesto de esa manera tan simple y expeditiva los cimientos de lo que posteriormente sería un largo año de conversaciones, conversaciones que más tarde rindieron sus frutos al concretarse la capitulación y posterior división, o escisión, de la red terrorista Sendero Luminoso.Inmediatamente me dirigí al otro local donde estaba recluido Abimael Guzmán Reinoso. Antes de entrar, el oficial al mando pidió las identificaciones correspondientes para anotar nuestro ingreso en su bitácora de control de personas que llegan a entrevistar —por cualquier razón— al detenido. Luego de las formalidades respectivas indicó que deberíamos ponernos los pasamontañas, pues esas eran las consignas del oficial de guardia.—Vea —le dije—, nosotros venimos en una misión especial y nos guiamos por otros protocolos que usted no entendería, como tampoco entendería por qué motivos venimos a ver a Guzmán.
El oficial al mando pareció sentir la pegada de mis palabras, pero se puso rígido, no se amoscó y dijo, con voz majadera:—Disculpe señor, ¡ esas son mis consignas!—Me parece correcto que las cumpla, pero recuerde que toda regla tiene su excepción y este es el caso. Consulte usted con su comando.Sin abandonar la rigidez, más bien acentuándola, empezó a comunicarse por radio. Después de unos minutos que hizo las consultas del caso, se cuadró. Le habían ordenado que no interfiriera en la misión de los miembros del SIN.—Adelante, señor. Pueden pasar, pero no deja de preocuparme que ingresen a rostro libre. ¡Estos terrucos son unos criminales, señor! No tienen piedad de nadie.
Tenía razón el oficial, este muchacho que trataba de protegerme, los terrucos no tienen piedad de nadie. En cambio, yo sí sentí un poco de piedad por su ingenua preocupación.—Gracias, señor —respondí volviendo a constatar cómo la mentalidad militar tradicional estaba impregnada de distorsiones conceptuales y de una visión tubular e inflexible.Al ingresar al interior del local con el personal del SIN —camarógrafos, fotógrafos y un asesor de apoyo— nos encontramos con una habitación que tenía una mesa y varias sillas, y a continuación con otro ambiente, que estaba cerrado con una puerta de fierro compacta y una barra externa colocada en forma vertical con cinco candados de seguridad.Tuvimos que pasar por el mismo ritual de la vez anterior: que Alfa se comunicara radialmente con Bravo Uno, Bravo Dos, Bravo Tres, Bravo Cuatro y Bravo Cinco a fin de que éstos se apersonaran al lugar, como efectivamente sucedió. Llegaron escalonadamente uno por uno e iban ingresando con el rostro cubierto con un pasamontañas y la llave colgada con una cadena al cuello para abrir el candado que les había sido confiado.Una vez concluido con este anacrónico procedimiento se dispuso el retiro de todo el personal de seguridad, a excepción de un oficial de la Dirección de Inteligencia Naval, quien abriría la puerta de fierro para que salga Abimael Guzmán Reinoso en el momento que se le indique, pues los elementos técnicos del SIN tenían que adecuar el escenario antes de establecer contacto con el objetivo.
Esta adecuación del escenario demoró aproximadamente una hora, pues era necesario que el sistema de filmación y grabación se instalara de manera encubierta, como una medida de contingencia, si es que nuestro objetivo pusiera reparos a una filmación abierta. Era necesario perennizar el proceso de conversaciones con el propósito de analizar cada sesión y determinar el curso de acción pertinente para el logro de los objetivos de inteligencia propuestos.Una vez listo el “escenario de contacto”, procedí a disponer que el oficial de Inteligencia Naval abriera la puerta de fierro, la dejara abierta, y se retirara, pues en el lugar no debía estar ningún personal militar uniformado, y menos con pasamontañas. Esto último generaría anticuerpos en la conducta psicológica del objetivo y era de interés fundamental presentar un escenario distendido. Incluso, habíamos provisto música ambiental de fondo que permitiera oír secuencialmente las sinfonías de Beethoven. Estando todo listo me acerqué —solo-- a la puerta, mientras el personal del SIN esperaba en lo que podríamos llamar la antesala. Tras la puerta estaba Abimael Guzmán Reinoso; me dirigí a él:
—Buenos días, doctor Guzmán. ¿Me permite usted que ingrese?Guzmán, con el ceño fruncido y el rostro adusto, vistiendo su traje a rayas con el histórico número 1509 puesto a la altura del pecho, me contesta de manera cortante:
—Buenos días —luego se queda callado.Obviamente no se había roto el hielo. Repregunto: —Señor, ¿puedo pasar?—Pase usted —agregó secamente.Seguía conservando un gesto inamistoso. Me presento y le digo:—Soy Vladimiro Montesinos, funcionario del Servicio de Inteligencia Nacional. Desearía conversar con usted.
—Sí lo conozco, doctor. Sé quien es usted. ¿Qué desea conversar conmigo en estas condiciones? —pregunta mirándome fijamente.—Bueno, ante todo desearía darle alguna noticia de la señora Elena Iparraguirre, pues pienso que usted está preocupado por ella —le respondo sin decirle que tenía una nota manuscrita, la cual guardaba para usarla en el momento adecuado.—¿Usted la ha visto? ¿Ha conversado con ella? ¿Cómo está de salud?
Secuencia de fotos del primer diálogo con el líder senderista, Abimael Guzmán Reinoso, orientado hacia la capitulación.
Había dado en el blanco: le faltaban palabras para seguir preguntándome. Era evidente que tenía un interés especial por ella. Entonces le digo:—Tranquilo, doctor. Tome usted asiento.Ya no percibo ningún gesto inamistoso en Guzmán. Este se sienta.—¡Gracias! ¡Muchas gracias por su amabilidad!—¿Puedo sentarme, doctor? —le pregunto.—¡Claro! ¡Tome asiento acá! —se acomoda en su cama dejando un espacio para que me siente.Había dado el primer paso que era romper el hielo y generar una mínima empatía con el objetivo. Luego me siento a su lado, como para estar en el mismo plano de altura, y entonces lanza la interrogante contenida:
—Dígame, ¿cómo está Miriam?La pregunta, refiriéndose a Elena Iparraguirre, denota una honda preocupación, actitud que constituía para la estrategia de la operación algo sumamente positivo: ya estaba desarrollando la conversación en la línea adecuada.Aproveché entonces este estado de ánimo, que era una suerte de puerta abierta, un lado sumamente vulnerable de Guzmán. También era su lado humano y esto no lo ignoraba, pero yo tenía que cumplir con mi misión, que en el fondo de todo era un objetivo superior, nacional.
En esta singular confrontación, paz y respeto a la vida de la persona humana eran las dos vigas maestras, las ideas fuerza que debían primar sobre la violencia y la muerte provocadas por la guerra que azotaba al Perú, y en la que Abimael Guzmán Reinoso había tenido —y podía tener como símbolo— un papel protagónico. Él encarnaba en su persona un historial de muerte y destrucción, pues bajo su liderazgo Sendero Luminoso había desatado el más grande conflicto de la historia peruana, conflicto que ya duraba doce largos años consecutivos sin viso aparente de solución. Ese era —nada menos— el hombre que tenía al frente. Estábamos solamente los dos en una habitación acondicionada como celda y sentados al borde de una cama.
Si bien su presencia me producía una mezcla de sentimientos encontrados —lo que igualmente le sucedería a cualquier persona que está en desacuerdo con el uso planificado y sistemático del terror como un medio de lograr el apoyo de la población civil indefensa—, sin embargo por laborar en el Servicio de Inteligencia Nacional tenía la misión y el reto de hacerlo capitular y luego buscar la división de su red terrorista a fin de debilitarla para que cese la ola de muerte y destrucción que nos azotaba cotidianamente, y por ende retornen la paz y la tranquilidad en el país.Prosiguiendo con la secuencia de la entrevista inicial que sosteníamos los dos, y respondiendo a la pregunta sobre “Miriam” (Elena) le dije a Abimael Guzmán Reinoso como quien no quiere la cosa:—Está bien de salud. La vi tranquila. Creo que a Elena más le preocupa usted —puntualicé al final, como para estimular su soberbia masculina.—Me alegro, qué buena noticia —respondió Guzmán con inocultable alegría.—Durante el tiempo que la entrevisté su principal interés era la salud suya —insistí en enredarlo con sus propios sentimientos.—Ella quería saber si le proporcionaban las medicinas que requiere usted. Además me preguntó si le preparaban su dieta.Con sus preguntas de hombre visiblemente enamorado, Abimael Guzmán me daba la oportunidad —magnífica— de bombardearlo de respuestas gratas para él. Se las daba una tras otra, sin tregua, a fin de provocarle un conflicto de sentimientos, de causarle ansiedad, de ser posible. Es decir, buscaba que se sumiera en un estado de confusión y se convierta, por ende, en una persona sugestionable.
Pero para mi asombro el cerebro de este hombre no dejaba de funcionar con normalidad, pese a la situación en la que se encontraba: un severo confinamiento carcelario que como hemos reseñado líneas arriba era el que correspondía a un criminal muy peligroso, y aún más. Guzmán, como abogado, era consciente de que luego de su proceso penal en el Fuero Privativo Militar le esperaba una condena a la pena de cadena perpetua. Pero a pesar de encontrarse recluido en un lugar de máxima seguridad, sin la más mínima opción de recuperar su libertad, volvió, después de estas muestras pasajeras de sentimentalismo, a tratarme con gran frialdad y sin inmutarse. De repente, como si se diera cuenta de mi juego, me responde otra cosa diferente.—Doctor, ¿ha leído usted “El segundo sexo” de Simone de Beauvoir, la compañera de Sartre?Frente a esta súbita y extraña pregunta que lógicamente buscaba desconcertarme y pretendía a su vez conocer y medir astutamente el nivel intelectual de su interlocutor, retruqué esa jugada de ajedrez y moviendo el alfil en el tablero —por decirlo metafóricamente— a una posición estratégica buscando la respuesta del oponente que luego permita ir a una situación de jaque, respondí muy velozmente:—Sí, por supuesto, y además he leído su otra obra, “La mujer rota”, —y añadí con un tono sarcástico—, ¿qué opinión tiene usted de este libro?—¡Ah... ! —exclamó Abimael Guzmán Reinoso algo sorprendido de la respuesta, respuesta que sin duda no esperaba del oficial del caso, que tenía frente a él. Comprendió entonces, rápidamente, que su interlocutor estaba entrenado para cualquier contingencia en el campo. Como buscando una justificación luego me dice:—Usted comprenderá, doctor, que la jefatura y conducción del Partido me insume mucho tiempo. Uno desearía leer muchos libros... pero a veces no se puede, ¿no?—Sí, por supuesto, tiene usted razón —contesté pensando que la mejor manera de no contradecir una estratagema de engaño era dándole la razón a quien la ejecuta y por eso agregué ipso facto:—A mí me sucede lo mismo, doctor. Las recargadas labores no me permiten leer lo que necesito, o deseo, sino lo que buenamente pueda.
Coincidía deliberadamente con él para medir su reacción y estar atento ante su próxima jugada. Luego de esta breve, pero intensa confrontación verbal en la que cada parte hizo lo posible por doblegar a su oponente, Guzmán dejó entrever que no deseaba continuar con ese duelo y me dice, entonces, a modo de distender la conversación:—¿Me puede usted hacer un gran servicio, doctor? —No uno, sino dos —le respondo sonriente.—Gracias, gracias. Por favor, dígale a Miriam que estoy bien, que él personal de custodia me proporciona los medicamentos puntualmente.—¿Y cómo es la alimentación? —le pregunto.—Es buena; usted ha sido militar y conoce mejor que nadie el rancho de los militares.—Qué me va usted a decir, si todos los días paso rancho —le contesto y no puedo reprimir una carcajada.Por primera vez veo a Abimael Guzmán distenderse. Ambos reímos a carcajadas.—Ja, ja, ja, ja...Veo que tiene usted respuesta para todo.
El hielo, evidentemente se había roto, lo cual era una buena señal porque ahora el trato podía pasar a ser más coloquial y menos acartonado. Hasta ese momento los dos nos habíamos medido, pero a partir de ese instante dejamos ese toma y daca y la entrevista se tornó menos tensa. Ese era el primer objetivo que buscaba para poder pasar al otro ambiente y se encuentre con todo el equipamiento instalado y el personal del SIN como veedores y técnicos listos para dar inicio formal a las conversaciones. Como para consolidar esta parte de la reunión, le pregunto a boca de jarro:—¿Qué le agradaría tener de la señora Elena en este preciso instante?Se queda pensativo un momento, me mira luego y lleva simultáneamente su mano derecha a la altura de la sien, se acaricia la cabeza y unos segundos más tarde, de lo más profundo de su ser, emerge una modestísima solicitud:
—¡Quisiera tener algo de su letra entre mis manos, para leer una y otra vez sus palabras!—¿Eso lo haría feliz, doctor Guzmán?Su rostro resplandece, rejuvenece, en él se instala como por arte de magia, la mirada de un muchacho enamorado. El filósofo del terror ha transmutado en una suerte de poeta del amor.—¡Por supuesto, doctor! Con Miriam hemos compartido los grandes, tristes, buenos y malos momentos de la lucha. Usted sabe cómo es la vida del Partido... Pero siempre juntos.—Bien, entonces haré un poco de magia...—¿Magia?—Diré las palabras mágicas: “abracadabra, pata de cabra...”
Estaba llevando mi ironía al extremo, pero ya iba sacando de uno de mis bolsillos la nota que Elena Iparraguirre Revoredo me diera para Abimael Guzmán Reinoso. Levanto, triunfante, como un auténtico adivino, la hoja de papel doblada, que haría feliz a “Gonzalo”. Luego se la alcanzo.—Esto es para usted. La señora Elena se lo envía.Extiende la mano, coge el papel, y mirándome dice conmovedoramente:—Señor, ¿podría leerlo?—Sí, claro, léalo. Es para usted. Yo sólo soy un emisario.—Mil gracias, doctor —me dice con los ojos brillantes, más emocionado que nunca.—Discúlpeme un instante, mientras leo la nota de Miriam.—Adelante, tómese su tiempo.
Me paré de la cama como para darle un poco de intimidad a ese momento, y me puse a observarlo de soslayo, a unos tres metros de distancia. No cabía duda alguna que estaba frente a un hombre de carne y hueso que mostraba una faceta sentimental totalmente desconocida: era una persona enamorada que devoraba la carta de su amada. Imaginaba qué pensarían sus seguidores más fanáticos si vieran a este hombre, con un impresionante historial de muerte y destrucción, transformado de repente, de una manera tan burguesa y romántica.Terminó de leer, levantó la cabeza y me miró con un rostro sonriente, con la alegría al tope.—Le rogaría me conceda un favor. ¿Podría enviarle una notita a Miriam?—Hágalo en el mismo papel.—Pero no tengo lapicero —responde con el rostro compungido. —No se preocupe, tome éste —le alcanzo mi bolígrafo.
Piensa un momento, y luego, sentado, procede a escribir apoyando el papel en su rodilla derecha. Un breve silencio mientras escribe, y luego me devuelve el lapicero y me entrega la nota. En esta se podía leer: “Miriam, mi única, siempre: estar lejos uno del otro, por más que supiéramos iba a ser así, estruja el corazón, leer tu carta cuánto bien me ha hecho. Abimael”. Doblé la nota y la guardé en mi bolsillo.—Tenemos que pasar a la otra habitación para iniciar la reunión oficial.—Pero... ¿por qué me tienen con este traje a rayas? —se recuperó pronto, como si hubiera agarrado fuerza después de leer la nota de “Miriam”.—Vea, doctor Guzmán, ese tema lo tratamos en el otro ambiente. Arréglese y por favor luego salga. Lo espero —le respondí con cierta firmeza.
Salí de su habitación, dando por concluido este breve episodio de ablandamiento del objetivo a fin de iniciar la ronda de conversaciones que durante aproximadamente un mes se llevarían a cabo en la Isla San Lorenzo. Estas conversaciones posteriormente continuarían de modo alternado en la Base Naval del Callao —donde se construyó el Penal Militar— y el local de la Dirección de Inteligencia Naval ubicada en el “Alfarte”.Después de haber concluido la primera etapa de la operación y logrado uno de los objetivos propuestos, con fecha 8 de noviembre de 1992 se presentó el Primer Informe de Evaluación al ingeniero Alberto Fujimori. Este informe contiene una descripción sumaria de los avances logrados con respecto a la ejecución de esta primera etapa del Plan de Operaciones.En dicho documento se indicó que la primera entrevista se llevó a cabo después de haberse efectuado el contacto inicial directo y personal con Abimael Guzmán Reinoso, quien luego se mostró renuente a conversar con el personal del Servicio de Inteligencia Nacional que realizaba la Operación Especial de Inteligencia, argumentando que mientras se le tuviera vistiendo un traje a rayas, debía entender que se trataba de un interrogatorio policial y no de una conversación académica, como se le propuso al iniciar la entrevista.
La idea preconcebida, consistía en exaltar su ego, así es que en términos convenientes se le dijo que tenía toda la razón, y que por ello se consultaría a la superioridad sobre la posibilidad de que no siga con esa ropa en la próxima entrevista. Entre tanto, se le planteó la necesidad de entablar con él un diálogo de carácter académico sobre la realidad nacional, presentándose el personal del Servicio de Inteligencia Nacional como su interlocutor académico, petición que fue aceptada por Abimael Guzmán Reinoso. En tal sentido la primera entrevista de aproximación al objetivo concluyó sin mayores contratiempos, con el ofrecimiento de gestionar ante las autoridades competentes la autorización para que en la próxima reunión Guzmán vista su propia ropa, para así estar en igualdad de armas entre las partes.
Es menester señalar, a título de información importante, que en el primer encuentro y con la finalidad de ganar la iniciativa a Abimael Guzmán Reinoso —y romper su esquema mental— se le manifestó que entre el oficial del caso y su persona existían obvias e insalvables diferencias, pues mientras la organizaciónbajo su liderazgo estaba por la muerte y destrucción en el país, su interlocutor más bien apostaba por la paz, la vida y el respeto de la persona humana. Esto fue puntualizado y precisado, obviamente, antes de concluir la entrevista. Augusta La Torre, fue a la única mujer que amó de corazón. Abimael narra cómo la conoció y quién fue en su vida personal. También dejó vislumbrar cómo murió su joven, esposa.
Sin embargo, se le hizo presente que entre ambas partes habían dos puntos de coincidencia: los dos interlocutores eran de Arequipa y abogados de profesión. Entonces se le explicó que si las autoridades no daban luz verde para que se cambie el traje a rayas y vista su propia ropa para las sendas entrevistas, yo en mi calidad de interlocutor académico me pondría un traje a rayas similar, para conversar de igual a igual. En tal sentido se le recordó el aforismo “el hábito no hace al monje”.A efecto de poder superar la mencionada contingencia fue necesario que el departamento de cubiertas y disfraces del Servicio de Inteligencia Nacional procediera a confeccionar —en pocas horas—un traje a rayas que “tácticamente usaría” como el oficial del caso en las entrevistas, y que de acuerdo al planeamiento emplearía el criptónimo de “002", el mismo que estaría frente al interno “1509", o Abimael Guzmán Reinoso. Es así que antes de participar en la segunda entrevista llevé a la mano el traje a rayas —con el citado código de manera visible—, y luego lo coloqué sobre una silla que estaba ubicada alrededor de una mesa redonda en un ambiente contiguo a su celda.
Cuando salió Abimael Guzmán Reinoso vistiendo el traje a rayas y se encontró a mi persona como el oficial del caso, y que a mi lado, en otra silla había otro traje a rayas, frunció el ceño y miró muy serio a sus interlocutores. Luego tomó asiento en una de las sillas colocadas alrededor de la mesa redonda. Estaba perplejo y desconcertado, y miraba de reojo, de tanto en tanto, el traje a rayas que estaba en la silla con el número 002 de manera visible y pegado a la altura del pecho. Más tarde le manifesté que si en un máximo de diez minutos no autorizaban el cambio del traje a rayas, a fin de que se vista con sus prendas personales, no habría ningún impedimento para que como interlocutor académico yo utilizara el traje que tenía a la vista y en ese caso ingresaría a su celda para mudarme de ropa. Guzmán contestó con un movimiento de cabeza en sentido afirmativo.
Para distender esos minutos de espera y expectativa le invité al cabecilla terrorista un cigarrillo de marca Winston. Este aceptó complacido y empezó a fumar con placer, dando varias pitadas y haciendo volutas de humo en medio de un silencio que parecía interminable. De pronto sonó el teléfono insistentemente. Unauxiliar contestó lacónicamente con la frase “comprendido, señor”, y mirando al objetivo le dijo:—Puede usted cambiarse el traje a rayas.—Muchas gracias —contestó con una sonrisa y una cazurra mirada de arequipeño.—Lamento que no se pueda demostrar a un paisano arequipeño y a un colega abogado, la veracidad del aforismo “el hábito no hace al monje” —le dije ante esa sonrisa enigmática e impenetrable y a fin de consolidar esta parte de la operación de manipulación. Antes de que ingresara a su celda, de un maletín cogí una caja de chocolates marca La Ibérica, fabricados en Arequipa, y la abrí.—Sírvase usted paisano un chocolate de nuestra tierra arequipeña.Gratamente sorprendido miró la caja y cogió dos chocolates, al tiempo que le volvía una sonrisa amistosa.—Caramba, gracias doctor. Es usted muy amable. Probaré después de muchos años los riquísimos chocolates que se fabrican en nuestro terruño.Y así empezó formalmente una inédita operación orientada al logro de los objetivos de inteligencia propuestos.En la segunda reunión, como quiera que aún se le notaba todavía una comprensible actitud de recelo, procedí a explicarle que esencialmente el ciclo de entrevistas que sostendríamos, tenía por finalidad llenar diversos vacíos relacionados con su vida personal y con su trayectoria política. Le expresé, igualmente, que “nos agrade o no nos agrade” la verdad era que los doce años de guerra interna que vivía el país, de todas maneras iban a ocupar un lugar en la historia, y a fin de evitar que ésta fuera tergiversada o adulterada por terceros, era conveniente que en estas reuniones se consignara en documentos la verdad de los hechos en base a su testimonio personal, ofrecido en forma libre y espontánea.Más aún, le dije que no interesaban aspectos puntuales de Sendero Luminoso, o que diese nombres de personas o circunstancias no conocidas de su organización; que las conversaciones académicas iban a desarrollarse en un plano elevado, de tipo doctrinario e ideológico, y que la única persona con quien podía hablar en ese nivel, era él, en su calidad de líder indiscutido. Que tanto él como quien le hablaba, habíamos leído textos fundamentales del marxismo, aunque interpretaran éstos desde orillas opuestas. Esto, sin embargo, no impedía de modo alguno sostener un diálogo alturado y civilizado.
Pese a que trató de mostrar una actitud humilde, diciendo que él sólo era un soldado más de la revolución, resultaba evidente que le agradó lo que le dije. Exaltar su vanidad era importante. A partir de ese momento se mostró dispuesto a iniciar la charla. A pesar de que ya se lo había dicho, él hizo la salvedad de que no iba a delatar a nadie, y que se reservaba el derecho de no contestar las preguntas que consideraba inconvenientes.Una vez acortada la distancia inicial de rechazo, se realizó una serie de entrevistas diarias, de seis a siete horas de duración cada una. Ellas estaban orientadas hacia los temas considerados en la primera etapa de la Operación Especial de Inteligencia.Durante el proceso de las conversaciones quedé convencido de que Guzmán guardaba pocos recuerdos de su infancia. Sólo cuando se le mencionó la ubicación de la Escuela Primaria de Moliendo y se le habló de una profesora, pareció recordar algo. Más tarde contó que vivió con su padre en la Calle Ejercicios N° 307 de Arequipa. Asimismo, dijo que tiene ocho hermanos: Eduardo (médico, estuvo en Estados Unidos y se enroló en el Ejército norteamericano, y fue enviado a Vietnam); Raúl (ingeniero); Carmen (ama de casa); Filiberto (abogado); Edgard (abogado y filósofo); Elizabeth (abogada), Gladys Susana (profesora, residente en Estados Unidos) y Artemio (abogado y filósofo). De sus hermanos, a la que más recuerda es a Gladys Susana porque cuando era pequeña la ayudaba a forrar sus cuadernos escolares.Hasta entonces nadie había mencionado en esbozo o nota biográfica alguna de Abimael Guzmán que éste vivió dos años con su madre doña Berenice Reinoso Cervantes en la localidad de Sicuani. Tenía ocho años de edad cuando llegó a esa ciudad por las actividades comerciales del padre. Tampoco nunca se conoció que, años después, vivió un tiempo en Chimbote, con unos tíos –hermanos de su madre–, y que posteriormente regresó al Callao donde concluyó de estudiar la Primaria en la Escuela Alberto Secada.Refirió que en 1947 inició sus estudios Secundarios en el Colegio Nacional Dos de Mayo del Callao, viviendo en casa de unos tíos. En el año 1949 retornó a la ciudad de Arequipa y continuó viviendo allí hasta concluir la Secundaria en el Colegio La Salle de dicha ciudad.Con gran sorpresa para mí, expresó que durante la Secundaria sintió vocación por la carrera militar y que le hubiera gustado pertenecer al Arma de Infantería en el Ejército Peruano. Al preguntarle por qué motivos hubiera querido ser infante, el cabecilla terrorista indicó que consideraba que dicha Arma es la reina de las batallas.Asimismo, me hizo saber que, desde 1955, ya en la Universidad San Agustín de Arequipa, tuvo simpatías por el Partido Comunista, pero que no pudo hacerse militante de éste sino hasta 1960. Ese año se anuló una directiva partidaria por la cual se daba preferencia al ingreso de obreros. Al dirigente del PCP que más recordaba era al doctor Chávez Bedoya y refirió que le impresionó hondamente la muerte de Stalin.Estando en la universidad eligió la carrera de Filosofia por ser la disciplina que más le atraía, pero igualmente se matriculó en la Facultad de Derecho para tener una profesión que le diera sustento económico. Además de sus dos conocidas tesis de Derecho y bachillerato en Filosofia, Abimael Guzmán Reinoso dice que inició la preparación de una tesis para el doctorado en Filosofía, que tenía por el título “Problemática del Hombre en el Marxismo”. Sin embargo, a pesar de haberla avanzado, las circunstancias de preparar la guerra interna le impidieron que pudiera terminarla. Incluso, años más tarde, estando ya en Ayacucho, trató de concluirla, peroentonces sus tareas partidarias y académicas se lo impidieron. Una vez que terminó sus estudios superiores, desempeñó la cátedra de “Introducción a la Filosofía y Ciencias Sociales” en la Universidad de San Agustín, en Arequipa.Contradiciendo diversas versiones y teorías, Abimael Guzmán cuenta que llegó a Ayacucho “de casualidad”, y no porque esa zona fuese potencialmente revolucionaria. Me reveló en una de estas entrevistas, que estando en Arequipa practicaba la abogacía en el estudio del doctor Gómez de la Torre, y, paralelamente, ejercía su cátedra. Frecuentaba, además, diversos círculos académicos, pero no estaba contento por el ambiente elitista de la intelectualidad arequipeña. Fue en esas circunstancias en que se enteró por un periódico de Lima que solicitaban profesores para la Universidad San Cristóbal de Huamanga, de Ayacucho. Esta había sido recientemente reabierta y estaba bajo la dirección de una comisión organizadora.
Guzmán remitió su currículum para probar suerte y, para su sorpresa, poco tiempo después recibió la noticia de que había sido aceptado como catedrático de “Historia de la Filosofía”. Agrega enfáticamente que esta es la única razón por la que llegó a radicar en Ayacucho y no otra. En esa ciudad, se inscribió en el Colegio de Abogados, pero no llegó a ejercer la profesión, pese a que en varias oportunidades asesoró a la universidad sobre asuntos legales. Como anécdota cuenta que pensó quedarse en Ayacucho sólo un año, pero que sin embargo, más allá de su propósito, se fue quedando por haberse enamorado de Augusta La Torre Carrasco (a) “Norah”.Otro aspecto poco conocido de su biografía, según contó, es que en cierta época solicitó licencia en la Universidad de Huamanga y vino a vivir a Lima, donde luego de inscribirse en el Colegio de Abogados de la capital ejerció la abogacía en el estudio del doctor Saturnino Paredes Macedo, ubicado en la calle Azángaro. Paredes por entonces era Secretario General del PCP-Bandera Roja. Guzmán narra también, con gran emoción, que durante su estancia en Lima trabajó algún tiempo en la Universidad Nacional de Educación “Enrique Guzmán y Valle” (La Cantata), universidad de la que guarda un gran recuerdo.En 1968 regresó a Ayacucho; para ese entonces ya era Secretario de Organización dentro del Comité Central del PCPBandera Roja y responsable del Comité Regional “José Carlos Mariátegui” de Ayacucho. A partir de ese año comienza a socavar maquiavélicamente la jefatura de Saturnino Paredes, aun cuando se alínea junto a él a raíz de las divisiones al interior de Patria Roja y del grupo Estrella Roja. Con relación al PC del Perú-Patria Roja, niega enfáticamente la versión tan difundida de que Rolando Breña Pantoja (a) “Latino” y Jorge Hurtado (a) “Yoveraque” lo buscaron para que asumiera la jefatura del grupo que pasó a formar Patria Roja.
Con respecto a los diversos viajes al extranjero, sostuvo que ha estado fuera del Perú sólo en tres oportunidades: las dos primeras en China Popular (durante el mes de febrero de 1965 acompañado de su esposa Augusta La Torre Carrasco (a) “Norah”, y en el mismo año tres meses a partir de julio, en que viajó solo) y la tercera en Albania (en noviembre de 1967). Afirmó que nunca conoció personalmente a Mao Tse Tung, pero sí lo había visto una sola vez a distancia cuando presidía una ceremonia pública en Pekín.Asimismo, Guzmán aprovechó la ocasión para desmentir la versión circulante con relación a que su esposa Augusta La Torre Carrasco (a) “Norah” fuera su alumna, pues ella estudiaba en la Facultad de Pedagogía, y él enseñaba en la de Filosofía en Ayacucho. También precisó que es falso que él la persuadiera para ingresar al Partido Comunista. A ella la conoció en una oportunidad en la que fue a ver a sus padres en el domicilio donde vivían para tratar sobre unas gestiones académicas; y que, una vez casados, ambos voluntariamente renunciaron a la posibilidad de tener hijos, para dedicarse íntegramente al trabajo partidario. Sin embargo, anotó, le hubiera gustado tener una hija, a la cual le hubiera puesto el nombre de Norah.
Sobre la edad que tenía Augusta La Torre Carrasco cuando la conoció, Guzmán reveló que ella apenas tenía 16 años. Recordó que en esa época era una aplicada estudiante de religión y recién dos años después –al cumplir 18 años– contrajeron matrimonio un 3 de febrero de 1964, el que celebraron en la casa donde vivían sus suegros, ubicada en el jirón Tres Máscaras N° 312, a poca distancia de la Plaza de Armas de Huamanga, en Ayacucho.Recordó con nostalgia que los testigos de su matrimonio fueron Delia Cabrera Carrasco y Hugo Carrera Carrasco, quienes eran los propietarios de la casa de Tres Máscaras, y que para esa ocasión sólo estuvieron presentes sus suegros, dichos testigos y sus tres cuñados: Carlos, Boris y Gisela.Respecto a sus suegros, Carlos La Torre Córdova, un reconocido militante del Partido Comunista Peruano, y Delia Carrasco Galdós, una profesora de educación primaria, fue muy enfático en precisar que desde su matrimonio, y a lo largo del tiempo, ha mantenido una relación muy estrecha que perdura hasta la actualidad, pese a que ambas personas radican en Suecia desde hace varios años. Guzmán solicitó se le permita tener contacto telefónico con ellos, lo que autoricé como oficial del caso en esta operación, pues de esas comunicaciones se obtenía valiosa información que sería utilizada como insumo para el análisis.
Abimael Guzmán contó, igualmente, que Augusta La Torre Carrasco estudió la Primaria y Secundaria en el colegio de monjas María Auxiliadora de Huanta, y que a inicios de 1962 se mudó con sus padres a Huamanga para estudiar en la Escuela Normal de Mujeres de Ayacucho.Teniendo en cuenta que desde el inicio de la guerra interna, el 17 de mayo de 1980, hasta antes del fallecimiento de “Norah”, acaecido el 14 de noviembre de 1988, tanto ésta como su cónyuge Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo fueron los tres únicos miembros del Comité Permanente de Sendero Luminoso que dirigieron el inicio y desarrollo de la lucha armada en el país, era de máximo interés del Servicio de Inteligencia Nacional recopilar la mayor cantidad de información con respecto a la occisa. Ella había tenido la no desdeñable calidad de fundadora y dirigente principal de dicha red terrorista. En tal sentido había que obtener de Guzmán, nuestra principal fuente de información, todo lo concerniente en torno a ella.En línea de precisión se requería conocer las causales de la muerte de “Norah” y la fecha exacta de su fallecimiento, pues alrededor de ese hecho se había formado todo un misterio y tejidodiversas versiones contradictorias entre sí. Era necesario precisar qué había ocurrido realmente, pero, por cierto, se le hizo presente a Guzmán que podía hacer uso de su derecho a mantener la reserva por tratarse de una persona fallecida. Sin embargo, éste ratificó que Augusta La Torre Carrasco falleció el 14 de noviembre de 1988 —a la edad de 42 años— en la ciudad de Lima, lugar donde fue velada de acuerdo a los procedimientos y rituales senderistas.Sobre este punto debemos señalar la existencia de un medio probatorio documental consistente en un revelador video que la DINCOTE encontró, e incautó, durante una operación en enero de 1991. En este video se observan imágenes que muestran los restos de una persona de sexo femenino, envuelta en una banderola roja con la hoz y el martillo: es el cadáver de Augusta La Torre Carrasco velado nada menos que por Abimael Guzmán Reinoso. Este pronuncia unas palabras, mientras contempla, visiblemente deprimido, a su difunta esposa y levanta el puño derecho golpeando el aire: “Ella fue capaz de aniquilar su propia vida para no levantar la mano contra el partido. Ella, en su lamentable confusión, en su enfermedad nerviosa, prefirió aniquilarse antes de golpear al partido”, lo que constituye un indicio importante de que “Norah” se habría suicidado.Finalmente, insistió que Augusta La Torre Carrasco (a) “Norah”, es la única mujer por la que ha sentido un amor y afecto verdaderos, y respecto a su relación con Elena Albertina Iparraguirre Revoredo (a) “Miriam”, señaló que es su actual pareja y compañera y con quien tiene un vínculo directo, personal y necesario. Este vínculo es profundamente íntimo, según admitió.De lo hasta aquí reseñado, tenemos como uno de los elementos constitutivos de la personalidad de Abimael Guzmán Reinoso el hecho de que trata de presentar una imagen de modestia y de humildad, insistiendo a menudo en que él es sólo una simple tuerca dentro de la maquinaria de la historia. Incluso, cuando se trató sobre las consecuencias que habría tenido para su Partido el que cayese detenido, Guzmán insistió que “cualquier miembro del Comité Central podía reemplazarlo sin que el Partido sufriera ningún desmedro”.Sin embargo, cuando se profundizó el diálogo con respecto al futuro de Sendero Luminoso, la capacidad de su red para impedir las probables confrontaciones internas ante su ausencia en el liderazgo, así como para enfrentar la nueva estrategia que venía aplicando el presidente Fujimori, Guzmán de pronto se olvidó de la modestia y admitió que su “caída” significa un durísimo revés para su Partido. Este ha quedado sin conducción política y por primera vez reconoció y aceptó que iba a ser muy dificil reemplazarlo en la jefatura.Igualmente se observa que no puede reprimir una desmesurada soberbia, especialmente cuando habla del llamado “Pensamiento Gonzalo”. Él, personalmente, se siente “La cuarta espada del Marxismo” y el continuador de Mao Tse Tung, y está convencido de que ya entró al Olimpo de la historia y que el destino del Perú marchará inexorablemente de conformidad con lo que él ha planteado. En este orden de hechos, es revelador que todos los documentos que ha debido suscribir como consecuencia de su captura, los ha firmado como “Presidente Gonzalo”.
De otro lado, las especulaciones de los psiquiatras con relación a su personalidad destructiva como consecuencia de ser hijo ilegítimo, carecen de todo fundamento, pues, el mismo Guzmán, insiste en destacar su gran afecto por la madrastra y, en cambio, casi ha olvidado todo lo concerniente a su madre. No hay, pues, ningún trauma psíquico proveniente de una infancia desdichada detrás de su crueldad; más bien, todo parece señalar que se trata de una actitud racional, fría y consciente, lo que sin duda lo hace un sujeto muy peligroso, ya que para lograr sus objetivos no vacilaría en matar a millones de seres humanos en el país.Igualmente, debe señalarse que su estado de salud influye en su actual comportamiento. Él está convencido de que la psoriasis y la artritis que padece son irreversibles, añade que ambas enfermedades son hereditarias y por ello fuera de control. Esto lo hace consciente de que sus facultades físicas cada día irán disminuyendo, hasta predecir que en pocos años ya no podrá seguir trabajando. Agrega que, incluso, en los meses previos a su detención, le era muy dificil desplazarse a otros lugares del país.Con relación a la tan publicitada policitemia de Guzmán, dijo que era un impedimento relativo y que sólo le limitaba la capacidad para estar temporadas largas en zonas de altura, pero que eso lo controlaba con medicinas adecuadas que le sirven para “aligerar” la sangre y que hasta hace poco tiempo se desplazaba por todo el Perú sin dificultad física alguna.Acepta que le gusta beber licor regularmente, incluso cuenta como anécdota que en una ocasión, regresando de una reunión partidaria en el sur, él y sus camaradas se habían pasado de tragos, y fueron detenidos en la Garita de Control de Pucusana, pero que no fue reconocido por los policías de servicio al momento de la inspección de vehículos y pasajeros. Esta versión, más las imágenes que se aprecian en el video incautado por la DINCOTE el 31 de enero de 1991, donde completamente embriagado ensaya pasos de la danza griega sirtaki, echa por tierra la imagen del líder sobrio, austero, por encima de las debilidades humanas, que la propaganda senderista construyó para mitificar su liderazgo en la red terrorista.La impresión que da Abimael Guzmán Reinoso a quien lo ve por primera vez es la de una persona que transmite una mezcla de intensidad, de astucia y tranquilo aplomo. Se mueve con un aire de tensión controlada, férrea disciplina y confianza en sí mismo, casi como si fuera un resorte recogido mostrando una fácil informalidad que, sin embargo, no engaña a un observador agudo. Su palpable estado de alerta es evidentemente el rasgo de un hombre a quien doce años de guerra interna en el Perú han impuesto la vital importancia del autodominio personal. Todo esto lo transmite con su cara ovalada y expresiva que está dominada por una penetrante mirada.Con relación a su nivel intelectual y formación ideológica, no cabe la menor duda de que Abimael Guzmán Reinoso ha leído y estudiado en alguna medida a los clásicos del marxismo, pero se infiere de las conversaciones que ha puesto un mayor énfasis en el estudio de los escritos de Mao Tse Tung. Delata este énfasis su forma de hablar e incluso su manera de pensar, que no va más allá de una repetición memorística de su ídolo chino.
Esta visión rígida y tubular de la realidad y de la historia, constituye un serio impedimento de Guzmán para una comprensión cabal del desarrollo socioeconómico, del avance científico y tecnológico, de los métodos de pensamiento contemporáneos, así como de los cambios operados en el mundo de fines del siglo XX y principios del XXI. Guzmán pareciera estar varado, haber naufragado en el siglo XIX. Observa la realidad social a través del filtro del maoísmo, su línea de pensamiento quedó congelada en el pasado.Sería dificil aseverar hoy que Guzmán recuerda con precisión de exégeta a Marx o a Engels, pues cuando se trató sobre los problemas de Sendero Luminoso para descolgarse sobre las ciudades después de haber controlado, según ellos, todo el eje de la sierra, se le recordó que Marx no quería aceptar que el campesinado fuese una clase básica, pero que cambió esta opinión cuando Engels escribió un trabajo llamado “La guerra campesina en Alemania”.Para quienes hemos podido estudiar el marxismo, tanto el libro de Engels como las circunstancias por las que Marx aceptó el cambio, son hechos muy conocidos. Sin embargo, Guzmán ya no lo recordaba, quizá por la situación que vivía. Igualmente, cuando se le preguntó sobre cuál iba a ser en su criterio la imagen de la nueva sociedad socialista que pretendía construir en el Perú, pues ningún clásico del marxismo había adelantado nada con relación a este tema, Abimael Guzmán Reinoso no contestó y se quedó con la mirada perdida. Posteriormente aceptó que efectivamente nadie había escrito sobre ese tema.Pero como se trataba de una estratagema que se le había montado, a continuación se le dijo que Marx tenía otro escrito en el que dio algunas de las consideraciones generales que debía tener la nueva sociedad socialista. Guzmán, medio sorprendido y desconcertado, manifestó que no recordaba de qué trabajo se le estaba hablando, a pesar de que para un lector principiante del marxismo, “La Crítica al Programa de Gotha” es un libro de imprescindible estudio, incluso en los primeros años de las facultades de ciencias sociales de varias universidades del país.Con respecto a los problemas actuales, Guzmán ha venido consultando una variada bibliografía generalmente baj ada de Internet. Así, por ejemplo, para analizar la nueva Estrategia Contrasubversiva del Estado peruano, que para Sendero era un problema de vida o muerte, se ha constatado que consultaba diferentes manuales del Ejército y diversos ensayos sobre la doctrina de los conflictos asimétricos. La conclusión es que por su visión dogmática siempre arriba a conclusiones divorciadas de la realidad, a pesar de haber tenido acceso a diversas fuentes de información. De esta forma Guzmán cae en un error que siempre criticaba precisamente Mao Tse Tung cuando se refería a aquellos intelectuales que se cortaban los dedos del pie para que les entre el zapato.En la era tecnológica Guzmán todavía sigue haciendo sus apuntes y balances partidarios a mano, pues quien conoce de computación es Elena Albertina Iparraguirre Revoredo, a la que le incautaron computadoras cuando fue detenida el 12 de septiembre de 1992. Guzmán tiene, además, como sus fuentes complementarias de información sobre lo que sucede en el país y en el mundo exterior, las noticias que emiten los medios de comunicación masiva y lo que le transmiten los miembros de su Partido. Pero cuando se le dijo que, en el primer caso eran informaciones proporcionadas por el enemigo, y que, en el segundo, sus camaradas podían estar inventando éxitos o inflando avances, aseveró con firmeza que sus fuentes eran confiables.En cuanto a los libros de su preferencia, expresó que le gustan los trabajos de historia y estrategia militares. En cuanto al arte, tiene preferencia por la música, particularmente la clásica y su compositor preferido es Ludwig van Beethoven.
Al preguntársele cuál era su opinión con respecto a la situación del país, señaló que en su criterio, el gobierno del presidente Fujimori estaba llevando a cabo la culminación del proceso de la Tercera Reestructuración del Estado peruano hacia el fascismo y el autoritarismo, trabajando –por ello– en favor del capitalismo burocrático y de los intereses norteamericanos. Esto, indicó, es a consecuencia de la agudización de la crisis económica que genera las condiciones favorables para que la lucha popular avance en el país.Sin embargo, reconoció que aún en el supuesto que existan esas condiciones, ello no ha podido hacerse efectivo porque su Partido no ha alcanzado todavía el grado de avance y desarrollo suficiente como para provocar la polarización general de la sociedad y porque, paralelamente a la “fascistización”, el Gobierno está dando una serie de medidas legales y organizativas que están sirviendo como marco a una estrategia básicamente político-militar, que le crea serios problemas a su organización; un proceso de renegociación de la dependencia vía reinserción en el Sistema Económico Mundial; una disciplina férrea en el manejo económico y un achicamiento del Estado para permitir que sean el mercado y las leyes de la oferta y la demanda los que regulen el proceso productivo nacional. Que, como es obvio, dichas medidas, en tanto no sean aprovechadas en el corto plazo por la lucha revolucionaria que lidera su Partido, y vayan consolidándose, harán dificil la derrota del Gobierno.Es precisamente en estas circunstancias –cuando Sendero Luminoso se encontraba en plena tarea de efectuar el balance de esta nueva situación, a fin de decidir las líneas estratégicas adecuadas y poder continuar su lucha victoriosa– que se produce su caída, es decir, es detenido por la DINCOTE, el 12 de septiembre de 1992.
Sobre los partidos políticos peruanos, Abimael Guzmán Reinoso señaló con claridad que desde el inicio de la lucha armada en 1980, cada uno de los gobiernos ha significado una etapa distinta en esa lucha. Así, pues, pasó a la caracterización de cada uno de los gobiernos, en el período 1980 a 1992, respectivamente.Respecto al presidente Belaunde, dijo que desde el primer momento se dedicó a hacer simple y llanamente “avestrucismo”, negándose a reconocer que se había iniciado un proceso irreversible de lucha armada en el país. Por ello, se limitó a afirmar que se estaba ante un simple problema de tipo policial. Según Guzmán, esta actitud pasiva fue muy útil y favorable para Sendero Luminoso porque permitió que el Partido consolidara su presencia en los departamentos de Ayacucho, Apurímac y Huancavelica, a la vez que organizaba sus primeras bases de apoyo. Paralelamente, se fortalecía el Ejército Guerrillero Popular. Cuando a fines de 1982, ante la contundencia de los hechos, Belaunde recién comprendede que ya no podía tapar el Sol con un dedo, dispone el ingreso de las Fuerzas Armadas al conflicto. Pero éstas no estaban preparadas para el nuevo tipo de guerra asimétrica, de allí que se limitaron a la represión generalizada, olvidando el principio maoísta de que “la represión atiza la revolución”.
Al presidente Alan García Pérez, lo señaló como responsable directo de las masacres de los penales, deuda de sangre que será cobrada tarde o temprano. Para Guzmán, García supuso al inicio de su gobierno que por tratarse de un modelo populista que llegaba al poder con fuerte respaldo popular, la lucha iría a disminuir; que esta percepción se fortaleció cuando el MRTA, formado por ex apristas, públicamente le concedió una tregua de un año. A esto se añadió el desarrollo de una actitud dual del régimen aprista para engañar a las masas, pues, mientras de un lado se mostraba como un gobierno progresista, preocupado por los intereses populares y que comprendía los movimientos de liberación del continente; por el otro lado, en actitud contraria, apoyó y dio su consentimiento a las formas más crueles de represión contra las masas avanzadas de la ciudad y más aún contra el campesinado pobre de la sierra.
Es por eso que su famoso proyecto del Trapecio Andino fue un fraude y un rotundo fracaso. Este proyecto jamás caló en las masas. A manera de balance, de los cinco años de gobierno aprista, Abimael Guzmán dijo que, después de todo, y a fin de cuentas su Partido resultó fortalecido, mientras que el APRA y García dejaron el país con una hiperinflación brutal, lo que los hizo objeto del más absoluto descrédito y rechazo popular.Para Guzmán, los partidos de izquierda eran una mezcolanza de todas las tendencias, bajo el liderazgo del revisionismo del Partido Comunista de Jorge del Prado, es decir que este conglomerado estaba subordinado a los intereses geopolíticos de gran potencia que jugaba en ese entonces la Unión Soviética o la actual China Popular. Asimismo, dijo que todos estos partidos habían cumplido un rol nefasto, y nefando, en el contexto de las luchas populares, pues en lugar de crear las condiciones propicias para la liberación del pueblo, han hecho todo lo contrario: se han preocupado permanentemente en negociar beneficios personales o de cúpula,por lo que en las elecciones generalmente caen en el cretinismo parlamentario, olvidando que por ese camino no hay ninguna salida para el futuro del país desde su perspectiva.
Al preguntársele cuál era su opinión sobre la política actual del Estado frente a la lucha armada, Abimael Guzmán Reinoso fue enfático en señalar que durante el gobierno del ingeniero Fujimori, y específicamente a partir del 5 de abril de 1992, se ha ido definiendo un nuevo modelo estratégico de lucha contra la subversión, pues desde esa fecha se han dado los instrumentos legales y organizativos complementarios que están posibilitando al Gobierno desarrollar un trabajo más fino. A él le parecía que existía una comprensión más clara de la naturaleza fundamentalmente política de la guerra y, en consecuencia, esa era la razón de haberse dictado las medidas que hicieron posible que sectores cada vez más vastos del campesinado y el proletariado se alineen al lado del Gobierno para combatir a su Partido.
Además, reconocía hidalgamente, desde la orilla o colina contraria, que los aparatos de Inteligencia, al orientar su puntería hacia los niveles dirigenciales del Partido, venían demostrando con ello su profesionalismo, pues estaban efectuando un trabajo eficaz, lo que les ha permitido llegar cada vez mejor a los niveles más altos de la organización partidaria, capturando a importantes cuadros de nivel regional y nacional. En tal virtud, recalcó que en el documento partidario Acerca de las Dos Colinas en que se trata sobre el equilibrio estratégico y se hace un esbozo de balance de la colina enemiga, que para ellos es el Estado peruano, hay un análisis de la forma como el gobierno del presidente Fujimori venía implementando las acciones de Inteligencia, demostrando una evidente mejora en sus métodos contrasubversivos.
Asimismo, aceptó Guzmán que su Partido, y él en particular, tuvieron una percepción equivocada y siguieron actuando bajo la premisa de que el Gobierno que se inició el 28 de julio de 1990 iba a continuar la secuela de la miopía política, burocratismo e ineficiencia de los gobiernos anteriores, pero que, luego de haber sufrido importantes derrotas, recién comprendieron que elenemigo había superado las limitaciones de regímenes anteriores, y ahora había una firme decisión política para llevar adelante la guerra contrasubversiva, situación que les ha ocasionado severos e irrecuperables daños a la organización.Es en este sentido que para el cabecilla terrorista ha habido un cambio sustantivo, un giro trascendente respecto del rol que venían cumpliendo las Fuerzas Armadas en la guerra. Para él, antes de 1990 las FF.AA. eran percibidas, sobre todo en el campo, como “ejércitos de ocupación”; ahora habían modificado su táctica y es a través de los llamados Programas de Acción Cívica que estaban adormeciendo la combatividad del pueblo peruano, quitándoles (a los senderistas) el espacio político que anteriormente tenían, a la vez que habían propinado duros golpes al Ejército Guerrillero Popular. Cuando se le preguntó sobre los jefes militares que le habían producido los golpes más fuertes a su Partido, fue muy preciso en reconocer que fueron primero el general de brigada EP Clemente Noel Moral y luego el general de brigada EP José Valdivia Dueñas.La opinión de Guzmán sobre las Fuerzas Armadas en esos doce años de guerra interna es que, a lo largo de la lucha, éstas habían ido perfeccionando significativamente sus tácticas y estrategias militares, así como su comportamiento. Esto fundamentalmente a partir del 28 de julio de 1990. Cuando entraron a la guerra, recién a fines de 1982, y hasta 1990 —piensa— prácticamente desconocían con qué tipo de enemigo se enfrentaban y por ello se dedicaron a una represión indiscriminada e irracional, la que, si bien les causó severos daños —pues Sendero Luminoso aún era muy pequeño—, tuvo como contrapartida el aumento del recelo y la enemistad del campesinado hacia los militares, a la vez que obligó a que su Partido tuviera que buscar nuevas zonas geográficas donde actuar, con lo que comenzó su “indetenible” proceso de expansión en todo el país.A efecto de conocer si es que su Partido había realizado alguna tarea de infiltración al interior de las Fuerzas Armadas, fue muy claro en señalar que jamás pretendieron infiltrar al Ejército y que el trabajo del Partido, hasta ahora, se había limitado a las acciones de propaganda, sobre todo entre la tropa y el personal subalterno de las fuerzas del orden en general.
De otro lado, al haberse trasladado el eje de la lucha a las zonas urbanas, y especialmente a Lima, en lugar de generar la respuesta esperada, lo que se provocó fue una especie de frente de clases para enfrentar las acciones del Partido, con lo que éste se ha visto aislado y muchas veces combatido básicamente por los sectores populares marginales que, teóricamente, Sendero Luminoso consideraba como su mayor y mejor cantera revolucionaria.Guzmán pensaba que si tuviese que esbozar una conclusión, pese a que su Partido no había concluido todavía su balance de la lucha armada, tendría que reconocer que habían recibido fuertes y contundentes golpes y se encontraban en retroceso. Cuando se le preguntó sobre cuáles habrían sido los pasos que hubiera dado si es que no lo hubiesen capturado, Abimael Guzmán Reinoso respondió que habría ido a un replanteamiento total de la estrategia del Partido, frente al nuevo esquema estratégico del presidente Fujimori, porque éste sí tenía una clara decisión política y una estrategia sólida para enfrentarlos.
En cuanto a los Servicios de Inteligencia —según se ha señalado párrafos utsupra—Abimael Guzmán Reinoso fue muy preciso y agudo al reconocer que el diseño de la nueva estrategia contrasubversiva del presidente Fujimori había comprendido cabalmente la esencia del proceso de la lucha armada, desde el momento en que puso el énfasis en el aspecto político de la contienda. Que, a partir de ese hecho, como es lógico, tenía que ir el Gobierno aun replanteamiento básico de los términos y condiciones de la lucha contrasubversiva.Para la red Sendero Luminoso la experiencia de los años 80 había demostrado (al Gobierno) que el privilegiar exclusivamente el factor militar de la lucha, en lugar de derrotar políticamente al Partido lo había fortalecido, y en vez de ganar la confianza de las masas, por el contrario, cada vez las iba apartando más y más del Estado. En ese orden de ideas, Guzmán señala que cuando el presidente Fujimori presentó en televisión el esquema de su nueva estrategia, se observó con absoluta claridad de que el eje de la lucha se iba a desplazar de los ataques genocidas contra las masas desarmadas, hacia el nivel dirigencial del Partido; o sea, hacia el elemento pensante y los organizadores.
Es a partir de ese instante en que obviamente, esta nueva fase tenía que privilegiar los trabajos de Inteligencia, y en ese sentido considera que el más grande error de su Partido fue pensar que los aparatos de Inteligencia del Gobierno no iban a estar a la altura de su nueva responsabilidad, ya que no había hasta ese momento ningún indicativo de que hubieran cambiado sus hábitos burocráticos, su ineficiencia y sus limitaciones en el análisis y apreciación de la situación.Por ello, le llamó poderosamente la atención cómo es que en tan corto tiempo pudo producirse un cambio sustancial en cuanto a la capacidad de los órganos de inteligencia, particularmente de la DINCOTE, poniéndose estos entes a una altura que en realidad era sorprendente para su Partido, pues según fueron pasando los días veían con sorpresa cómo eran capturados cuadros de mayor jerarquía y se iban desmantelando importantes núcleos dentro de la organización, todo ello con una rapidez vertiginosa, que no les daba tiempo para recomponer sus estructuras, para efectuar cambios en sus modalidades de acción o para darle la protección adecuada a sus dirigentes del Comité Central.Respecto a su captura, Abimael Guzmán Reinoso reconoce que ella fue producto de esta nueva situación. El no pudo tampoco digerir mentalmente la velocidad de estos cambios y siguió actuando y movilizándose como en los buenos tiempos en que se trasladaba de un lugar a otro, por todo el país, haciendo uso tan sólo de elementales formas de camuflaje, sin recurrir a diversas técnicas para actuar encubierto y sin que nadie lo reconociera. Por tanto, todas esas versiones sobre una supuesta operación para cambiarle la cara, o que usaba máscaras, e incluso que había muerto, no pasaban de ser meras especulaciones sin base y que servían para justificar en los gobiernos de 1980 a 1990, la ineficiencia de sus aparatos de Inteligencia.En cuanto al clero, Abimael Guzmán Reinoso considera que como producto de la sociedad y del desarrollo de la historia no tiene un comportamiento uniforme. En el caso específico del Perú, la actitud del clero varía según su vinculación con los sectores de la sociedad; de ahí que se puede hablar de un clero indiferente o de un clero progresista. Sin embargo, la jerarquía eclesiástica siempreha estado en el país y en el mundo, del lado del poder político de turno, del lado de la opresión y la injusticia, tratando de frenar el descontento de las masas, hipnotizándolas con su mensaje repartidor de premios en el más allá.Guzmán considera que en vista de que la revolución que pretende su red terrorista tiene proyección no sólo nacional, sino mundial, el clero con el Papa a la cabeza han comprendido que significa un peligro para sus intereses, de ahí que incluso Juan Pablo II vino al Perú en dos oportunidades con el objeto de avalar la política genocida de los gobiernos anteriores y santificar las armas de unas Fuerzas Armadas que se habían ensañado con el pueblo. En este punto Abimael Guzmán Reinoso enfatiza una conducta contraria a la Iglesia que es también producto de su ateísmo. Es por eso que en líneas generales, desde su posición personal considera que el clero peruano está del lado de la reacción y en contra de los intereses populares, por lo que el Partido debe combatirlo como se combate a cualquier enemigo.Sobre el estado de su salud se observa que Abimael Guzmán Reinoso se encuentra afectado por tres enfermedades que, aún siendo irreversibles, de momento no presentan un mayor peligro para su vida. Estas son: un proceso artrítico que le viene afectando la parte derecha de la cadera, obligándolo a cojear ligeramente; una policitemia (número exagerado de glóbulos rojos), enfermedad que no le afecta en absoluto mientras viva en zonas al nivel del mar, pero que le impide permanecer por tiempo largo en zonas de altura, pues el enrarecimiento de oxígeno hace que aumente peligrosamente el número de hematíes; finalmente, sufre de psoriasis, una enfermedad cuyo origen él considera que es hereditaria, pues también la tuvo su padre. Cabe señalar que esta enfermedad le causa prurito, por lo que permanentemente está rascándose todo el cuerpo, lo que le causa vergüenza cuando se le observa, pues ello ocasiona que se le vayan cayendo pedazos de piel. Por otra parte, la vida sedentaria que ha llevado en los últimos años, ya que según propia confesión no se ha movido de Lima, lo muestran subido de peso y sin un buen estado físico.Estas tres enfermedades lo obligan a seguir una dieta específica, y a usar diversos medicamentos que la Marina de Guerra del Perú le está proporcionando puntualmente para evitar imputaciones de violación a los derechos humanos.Frente a este cuadro, lo más probable es que durante su reclusión en el Penal Militar de la Base Naval del Callao se le agrave el proceso artrítico por la alta humedad de la zona; paralelamente, su encierro en una celda unipersonal y la certeza de que estará encerrado de por vida, habrá de influir negativamente en su conducta personal causándole un estado depresivo cada vez más agudo, lo que a su vez habrá de repercutir en su psoriasis.Con relación a sus necesidades básicas pidió, como prioridad, que se le permita tener relaciones íntimas con su compañera Elena Albertina Iparraguirre Revoredo (a) “Miriam”, también detenida en una celda separada en el penal. Asimismo, solicitó que se le proporcionen los remedios y la dieta adecuados para sus enfermedades. De igual modo, solicitó libros de historia, estrategia y, si fuera posible, material para poder escribir.Estos pedidos fueron atendidos, pues se requería que siguiera mentalmente lúcido y convenientemente informado del acontecer nacional e internacional para poder obtener – valga la reiteración–información sobre su modo de pensar y analizar el escenario político interno y conocer de primera fuente cómo es que pudo dirigir y desarrollar la guerra más cruenta de la historia peruana.Se aprovechó de estos pedidos para introducirlo en un determinado género de lectura. Se le proporcionó inicialmente los dos tomos de las “Memorias” de Henry Kissinger, a fin de que los lea y luego haga un comentario y análisis de su gestión cuando se desempeñó como Secretario de Estado norteamericano durante la administración de Nixon. La razón de ello es que Kissinger, como es sabido, fue el artífice del acercamiento de Estados Unidos hacia China, de la diplomacia directa con el primer ministro Chou En-lai, proceso que culminó con el viaje del presidente Richard Nixon a China para entrevistarse con Mao Tse Tung. Guzmán no conocía dichos textos. Le agradó recibirlos y posteriormente fueronmateria de muchas horas de diálogo como una táctica de distender la relación en aras de lograr la misión de hacerlo capitular.
En esas circunstancias, y con fecha 7 de febrero de 1993, aconteció algo anecdótico cuando estábamos tratando sobre el libro “La Diplomacia” de Henry Kissinger, específicamente el capítulo sobre el nuevo orden mundial, pues Abimael Guzmán interrumpió repentinamente el diálogo para entregar un documento escrito por él, de puño y letra. En éste me califica, en tanto interlocutor académico, como “persona de versátiles inquietudes convergentes, mente aguda e inquisitiva, urgida de resultados y buen manejo instrumental de su múltiple formación profesional como militar, abogado y sociólogo, que esto y su especial talento en cuestiones del poder aporten a la comprensión de la guerra popular, gesta indeleble de la historia peruana”. Desde luego, agradecí la generosidad y profundidad del comentario que provenía nada menos que del líder de la red terrorista Sendero Luminoso.
Con respecto a la segunda etapa de la Operación Especial de Inteligencia, ésta ha sido sin duda alguna la más complicada y dificil de la misión, pues ha requerido de una mayor dedicación y persistencia en el trabajo. Este se ha desarrollado aproximadamente por espacio de un año y en forma diaria, a partir de las 20:00 horas hasta las 03:00 del día siguiente. Este ritmo de trabajo era necesario, pues se tenía que convencer a Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo –quienes toda su vida habían sostenido que la vía armada era la mejor y única manera de capturar el poder– para que cambiaran su manera de ver las cosas y acepten la capitulación, como un paso previo para lograr la división de la red terrorista Sendero Luminoso. Estos eran los dos objetivos de inteligencia que se buscaba.Si bien en la primera etapa se tuvo que utilizar el manejo de categorías marxistas para analizar la situación con ambos líderes de la red, en la segunda era imprescindible otro tipo de trabajo psicológico, muy fino, para guiar subliminalmente y sin dificultad alguna tanto a Abimael Guzmán Reinoso como a Elena Albertina Iparraguirre Revoredo, hacia sus propias conclusiones. Al estar la dirección central de su organización privada de libertad, el continuaren esa situación la lucha armada carecía de sentido, y más bien lo que cabía era evitar el desbande y liquidación de su militancia.
En ese orden de ideas, la segunda etapa se desarrolló de la siguiente manera:En un primer momento Abimael Guzmán Reinoso tuvo que reconocer, y aceptar, que después de doce años de lucha exitosa, las cosas habían tomado un giro inesperado. Su red terrorista había llegado a tener el control de todo el eje de la Cordillera de los Andes, y era capaz de descolgarse hacia cualquier ciudad de la costa o la vertiente amazónica; su organización le había causado serios contrastes al Estado peruano en la década de 1980 a 1990 y su Partido había estado en condiciones de poder llevar a cabo la toma de las ciudades. Sin embargo, el gobierno del presidente Fujimori no daba la menor señal de estar derrotado o de haber ingresado en una situación de inviabilidad institucional, criterio que fue compartido y luego apoyado por Elena Albertina Iparraguirre Revoredo.Abimael Guzmán Reinoso comentó que esta situación había sido objeto de serias y enconadas discusiones al interior del comité central, incluso antes de su captura. Por ello, y a fin de mantener la coherencia con los postulados del llamado “Pensamiento Gonzalo”, se vieron los senderistas en la imperiosa necesidad de disponer el traslado de importantes contingentes de su organización a las áreas urbanas, particularmente Lima, a fin de llevar a cabo acciones de agitación y propaganda, en la óptica de activar el proceso revolucionario y respaldar así la tesis maoísta de la invasión del campo a la ciudad. Esto también bajo el fundamento que vía migración interna ya se había producido esta invasión en forma pasiva y únicamente se necesitaba activarla.Asimismo, admitió un hecho muy importante: que el ámbito urbano tiene características y condiciones totalmente distintas a las zonas rurales del país y la mayoría de sus cuadros se habían preparado a lo largo de varios años para actuar concretamente en el campo. En las ciudades no disponían de personal suficientemente preparado política y militarmente, en cantidad y calidad, para esta labor. Y como las ciudades no eran un espacio neutro en términospolíticos, ya que los sectores populares, que es donde tenían que ir a actuar, adherían a ciertas ideologías y determinados partidos, la lucha política le resultaría Más compleja a la red.Frente a estas limitaciones, Abimael Guzmán Reinoso señaló que su organización optó por las alternativas siguientes: primero, efectuar ataques letales y espectaculares contra blancos selectivos y de connotación en la Capital, con el objetivo de demostrar que el Gobierno podía ser golpeado en su mismo corazón o centro de poder; y segundo, buscar copar por cualquier medio pacífico o violento las organizaciones populares, priorizando las vecinales, en el entendido de que éstas estaban conformadas en su gran mayoría por migrantes de la sierra del país.
Para Guzmán Reinoso, con el primer objetivo el Partido pretendía crear un clima creciente de terror en la población limeña, paralizar el normal funcionamiento de los servicios públicos esenciales a fin de producir desconfianza en la población con relación a la capacidad del Sistema para defenderse y, fundamentalmente demostrar al país que su lucha armada avanzaba y pronto lograría el equilibrio estratégico. Con el segundo objetivo, se buscaba generar una serie de movimientos reivindicativos, cada vez más violentos, a manera de preparación de las masas para lo que sería la futura insurrección generalizada que obligaría al Gobierno a adoptar medidas cada vez más represivas y por ende totalmente impopulares.
Si bien este esquema estratégico tenía, en teoría, cierto grado de coherencia, sin embargo, según reconocieron Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo, en la práctica no funcionó. Y ello pese al alto número de bajas que tuvo su organización; esto se debió, en su criterio, a dos razones que pudieron conocerse a través de las sendas conversaciones que yo sostuviera con estos líderes terroristas.En primer lugar, debido a que el presidente Fujimori no cayó en la provocación, y en vez de implementar medidas de carácter represivo en el país, más bien priorizó una nueva estrategia, distinta a la de los gobiernos de Belaunde y García, pues apuntó no contra las masas sino contra las cabezas pensantes de Sendero Luminoso.
En segundo lugar, porque las organizaciones populares rechazaron la violencia que pretendía imponer el terrorismo y, por el contrario, comenzaron a crear en forma espontánea nuevos esquemas organizativos de autodefensa, quedando así el Partido aislado de las masas populares.
Frente a este dificil escenario, Abimael Guzmán Reinoso manifestó que se encontró ante una disyuntiva no prevista, pues, o retrocedían a las primigenias formas iniciales de la guerra en el campo —lo que conllevaba tácitamente a aceptar el fracaso rotundo de su postura estratégica y del llamado “Pensamiento Gonzalo”— o en cambio persistían en la cruda violencia urbana, pese al elevado costo que significaba para el Partido. Finalmente adoptaron esta última opción, que a la luz de los hechos fue el camino equivocado según sus propios comentarios y análisis evaluativo.Con relación a la situación en la “otra colina” manifestaron que en el Partido observaban cómo el gobierno de Fujimori expresaba cada vez con mayor énfasis su firme decisión política de enfrentarlos políticamente, y ello se demostraba con meridiana claridad por las medidas de orden político como el crear e implementar las rondas campesinas y los comités de autodefensa, y asimismo, por el nuevo rol asignado a las Fuerzas Armadas y Policía Nacional del Perú. Estas dejaron de lado anacrónicos esquemas doctrinarios, totalmente desfasados, frente a este nuevo tipo de guerra desatada por actores no estatales asimétricos.
Tanto para Abimael Guzmán Reinoso como para Elena Albertina Iparraguirre Revoredo, la sumatoria de estos factores implementados coherentemente en el marco de una estrategia del Gobierno, claramente definida, fueron evidentemente la desencadenante de una serie continuada de tropiezos y fracasos en su organización, lo que obviamente se reflejó en el elevado número de militantes fallecidos o detenidos y procesados, en la desactivación de los principales aparatos partidarios, en la disminución sensible del reclutamiento de nuevos cuadros, y fundamentalmente, en la captura de dirigentes de mucho mayor nivel en el interior de la organización.Los hechos demostraban una cruda situación —según aceptaron los dos dirigentes—, pues la realidad se volvía en contra de su Partido, por lo que para evitar un colapso mayor había llegado la hora de llevar a cabo una evaluación de daños en profundidad con la finalidad de determinar las medidas que se debían adoptar y el curso de acción en adelante.A estas alturas de la operación y después de casi un año de intenso y paciente trabajo, y sobre todo, de mucha perseverancia, los fui induciendo, gradual y progresivamente, a Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo —los dos líderes más emblemáticos de la red terrorista Sendero Luminoso— a la capitulación. Había llegado, pues, el momento propicio para materializar la capitulación pública de estos cabecillas y sentar las bases para el logro de los objetivos de inteligencia, que tarde o temprano iban a lograrse.Hay aspectos de la ejecución del Plan de Operaciones que pudieran parecer sin importancia, pero sí la tienen. Como ya se reseñó, se llegó a establecer que Abimael Guzmán Reinoso tenía gran afición por la música clásica y que sentía admiración por Beethoven, y en especial por una de sus obras mayores, la Novena Sinfonía, llamada “Coral”. Esta obra él la asociaba al recuerdo de Augusta La Torre Carrasco (a) “Norah”, quien, como ya se mencionó, ocupaba un lugar muy importante en su vida. Pero además pudimos averiguar que la canción preferida de “Norah” era “My Way” interpretada por el cantante norteamericano Frank Sinatra. “Norah” la cantaba a menudo.Por ello se dispuso que una entrevista de mucha importancia estuviera precedida de la escucha de estas dos obras. Todo pareció una gentileza, una delicadeza de mi parte. Se preparó como una sorpresa para ambos. Llegado el momento se les permitió ver y escuchar en video la grabación de la canción “My Way” interpretada por Frank Sinatra, y luego la Novena Sinfonía de Beethoven ejecutada por la Orquesta Sinfónica de Berlín.El objetivo era crear el clima emotivo adecuado que permitiese —en esta etapa de la operación— un diálogo fluido y esclarecedor con Abimael Guzmán Reinoso, a la vez de hacerle sentir a Elena Albertina Iparraguirre Revoredo (a) “Miriam”, su actual conviviente, que Guzmán Reinoso seguía recordando con especial afecto a quien fuera su esposa, generando así en ella la sensación de que a pesar de su entrega y esfuerzos, no iba a poder ocupar el lugar del primer amor de Guzmán, Augusta La Torre Carrasco.Como colofón, y a fin de amenguar el intenso momento emocional vivido por Abimael Guzmán Reinoso y su actual conviviente “Miriam”, se pasó la canción “New York New York” interpretada por Frank Sinatra, aprovechando para introducirlos subliminalmente en la aceptación de aquellos valores culturales del sistema contra el cual dieron inicio a la lucha armada en mayo de 1980.Habiéndose creado un estado anímico de aceptación en los objetivos, y a fin de materializar la capitulación de los mismos, se procedió inmediatamente a reflexionar con ellos —estábamos sólo los tres en un ambiente de la Dirección de Inteligencia Naval— sobre la situación de Sendero Luminoso y la perspectiva futura de su organización. Se continuó exaltando particularmente la soberbia y el ego de Abimael Guzmán Reinoso, presentándolo constantemente como el único ideólogo y máximo dirigente del Partido. Igualmente, se describía la realidad objetiva que enfrentaban ambos después de haber sufrido un durísimo golpe del cual no podrán reponerse en muy largo tiempo al estar condenados a la pena de cadena perpetua. Y, se les recordaba que la jefatura y dirección política, esenciales en toda estructura organizacional, en el caso de su Partido estaba acéfala, y por lo tanto sin rumbo, sin horizonte como para continuar la lucha armada en el Perú, pues habían perdido además totalmente la iniciativa y por ende el final del camino sólo dejaba ver la derrota.Frente a tantas evidencias, y como resultado de la evaluación de ellas —inducida sutilmente por mi persona— ambos cabecillas hicieron un replanteamiento acerca de las condiciones en que se encontraba el desarrollo de su lucha por la captura del poder, y llegaron a la conclusión de que no habían las condiciones adecuadas para proseguir las acciones armadas en el país, y que de no verificarse un giro radical en este aspecto, lo único que se iba a conseguir era la destrucción completa de su organización partidaria.Estando a las conclusiones a que había arribado Abimael Guzmán Reinoso y contando a su vez con el total respaldo de Elena Albertina Iparraguirre Revoredo, la otra integrante del comité permanente, ambos me expresaron su firme voluntad de dar término a la lucha armada mediante un “Acuerdo de Paz” que estarían dispuestos a plantear al presidente Fujimori. Para ello podrían hacer un llamamiento a su militancia a fin de que se adhiera a dicha petición y cesaran las acciones armadas en el Perú.Con este planteamiento, el objetivo correspondiente a la segunda etapa había sido, pues, alcanzado a plenitud, toda vez que Abimael Guzmán Reinoso se mostraba quebrado anímicamente —después de casi un año de lucha titánica entre dos voluntades y dos líneas de pensamiento que buscaron en todo momento imponerse una a la otra— y se lamentaba de la situación en que se encontraba su Partido, dejándome entrever al calor del diálogo, que se sentía responsable del descalabro sufrido, no sólo por su detención, sino por su errónea apreciación de la situación y que las consecuencias de este error serían funestas para sus camaradas (sus hijos, como les decía) que aún continuaban en la lucha.Asimismo, Elena Albertina Iparraguirre Revoredo, pese a su fortaleza—en su doble rol de conviviente e integrante de la dirección central—, igualmente se mostraba quebrada anímicamente y lamentaba los errores cometidos, asumiendo la misma responsabilidad que su pareja Abimael Guzmán Reinoso. Metafóricamente podía decirse que los frutos estaban maduros y que sólo había que sacudir el árbol. Es por eso que al despedirme de ellos les digo:—Doctor Guzmán y señora Elena, ¿me autorizan ustedes a que comunique esta decisión suya al presidente Fujimori?—¡Por supuesto, doctor Montesinos! ¡Lo autorizamos a que en nombre de la Dirección Central del Partido le corra traslado de nuestra decisión al señor Presidente! —responde Guzmán casi al unísono con Elena Iparraguirre.—Bien —les contesto, y luego les pregunto si quisieran quedarse viendo televisión un tiempo adicional solos.—¡Sí, doctor! —respondieron ambos.—¿Cuánto tiempo necesitan? —pregunto.—¡Será una o dos horas! —contestan.—¡Quédense hasta que se cansen! Daré instrucciones al jefe de servicio para que ustedes permanezcan aquí hasta la hora que deseen y luego los trasladen al centro de reclusión.—¡Okey, doctor!—Buenas noches.—¡Buenas noches, doctor! —responde Abimael Guzmán Reinoso con un mejor tono de voz y aliviado emocionalmente, según percibí.—¡Que descansen! Mañana regreso con noticias.A continuación me dirijo a Elena Albertina Iparraguirre Revoredo y dándole un beso sorpresivo en la mejilla le expreso con una sonrisa y gesto travieso:—¡Que pasen una feliz noche... ambos!Ja, ja, ja, ja... soltamos carcajadas los tres. Después me retiré de los ambientes dando las indicaciones pertinentes al jefe de servicio.—¡Señor, los internos pueden quedarse viendo televisión hasta que se cansen!Medio sorprendido por esa disposición, me pregunta el jefe de servicio: “¿Cómo dice, señor? ¿Hasta que se cansen, señor?” —parece que pensaba que era una broma.—¡ Sí, hasta que se cansen, esa es la consigna para usted!—¡Comprendido, señor! —contestó el jefe de servicio, que no entendía las razones de este tipo de consigna.Volvía a constatar por enésima vez que era imposible que una mentalidad castrense formada para una guerra simétrica pudiera comprender el porqué de una decisión de esta naturaleza y de tantas contemplaciones con estos “terrucos criminales” que habían asesinado al vicealmirante AP Gerónimo Cafferata, al contralmirante AP Ponce Canessa y al capitán de navío AP Vega Llona, según me comentó algo desconcertado el jefe de servicio en algún momento.Este hombre era incapaz de entender que estábamos inmersos en una guerra asimétrica que debía librarse desde un alto terreno moral, lo que implicaba el empleo de las ideas como una de las vigas maestras en la forma de enfrentar este tipo de guerra contra actores estatales internos. Me convencí una vez más que era necesario redefinir la doctrina vigente en las Fuerzas Armadas y enseñar en todos los centros de formación y capacitación los lineamientos de la Guerra de Cuarta Generación y su variable principal: la Guerra Asimétrica.Siendo un poco más de las 2 de la mañana me retiré de las instalaciones de la Dirección de Inteligencia Naval y al subir al vehículo el jefe de mi equipo de seguridad me dice:—¿Al SIN, señor?—No, nos vamos a Palacio de Gobierno.—Bien, señor.Ya estando en el vehículo, abro el estuche de discos compactos y busco la Tercera Sinfonía de Ludwig van Beethoven; la encuentro y le digo al conductor:—Ponga este CD. —Bien, señor.Y empieza la música con un volumen muy tenue, por lo que le digo al chofer:—Dele más volumen.—Sí, señor —respondió en un tono que dejaba entrever su desconcierto por el hecho de que a esas horas de la madrugada a alguien se le antojara escuchar música clásica.Sentía una profunda satisfacción por los resultados de mi trabajo silencioso y anónimo. Mis desvelos no habían sido en vano, pues a partir de ahora se abría un nuevo capítulo en la historia del Perú: alcanzar la tan ansiada paz que todos queríamos frente al principal conflicto que vivía el país hacía doce largos años.Escuchando la “Heroica” de Beethoven me propuse que la capitulación de Abimael Guzmán Reinoso y de Elena Albertina Iparraguirre Revoredo, tenía que darse de todas maneras como un paso previo a la ruptura orgánica de Sendero Luminoso.Durante el trayecto a Palacio de Gobierno fui informado por el edecán de turno que el ingeniero Fujimori se estaba desplazando a las instalaciones del Servicio de Inteligencia Nacional, por lo que dispuse al conductor de mi vehículo que comunique al jefe de escolta el cambio de ruta con el nuevo destino de nuestra caravana.Ya estando en el SIN le informé al presidente Fujimori que la Operación Especial de Inteligencia tenía un primer resultado positivo, toda vez que Abimael Guzmán Reinoso y la “camarada Miriam”, estaban dispuestos a solicitar al Gobierno las conversaciones que los llevara hacia la obtención de un Acuerdo de Paz que derive en concluir la guerra interna en el país, esto es, a capitular.El presidente Fujimori recibió la información, como es obvio, con gran satisfacción. Veía con claridad que la ocasión era propicia para hacer sentir el peso de la autoridad a los cabecillas de la red terrorista Sendero Luminoso. Me dio instrucciones de que le transmitiera a los cabecillas terroristas de que el gobierno estaba en disposición de escucharlos, pero eso sí, debían de dirigirle una comunicación a su Despacho, reconociéndolo como Presidente de la República y, además, que tuvieran presente que no estaban en capacidad de negociar nada, sino de aceptar las reglas de juego que se les señalasen.
Los más altos mandos de Sendero Luminoso capitulan y ordenan deponer las armas a sus huestes. Abimael y todos ellos firmaron su capitulación.
Con ese concepto político retorné al día siguiente y me reuní con Guzmán y su compañera —únicamente los tres— en la sala de recibo del Director de Inteligencia Naval que se había acondicionado para tal fin. En ese lugar transmití dichas instrucciones y les indiqué que procedan a redactar una carta en que formulen su petición al Jefe de Estado, pues tenía la autorización de recibirla personalmente para llevársela a su Despacho. En tal virtud los dejaba solos para que en un término de 24 horas la formulen y la suscriban ambos como dirección política de su organización.Luego de transcurrido el término fijado de común acuerdo entre las partes, me constituí nuevamente a la Dirección de Inteligencia Naval, y estando en la antesala del despacho del director hice pasar a Abimael Guzmán Reinoso y Elena Iparraguirre Revoredo. Luego de los saludos protocolares respectivos, procedieron a mostrarme la carta redactada en limpio y dirigida al ingeniero Alberto Fujimori como Presidente de la República. Procedí a leerla, advirtiendo que no estaba firmada, por lo que señale que si ese era el texto definitivo debían de suscribirla colocando sus huellas dactilares en señal de conformidad con dicho documento.En ese acto, primero firmó Abimael Guzmán Reinoso imprimiendo su huella digital, luego lo hizo Elena Albertina Iparraguirre Revoredo, siendo por tanto el único testigo directo de ese hecho que fue filmado y grabado a fin de tener un medio probatorio documental de la capitulación de ambos cabecillas de la red terrorista Sendero Luminoso. Concretado esto, había logrado mi primer objetivo de inteligencia.En dicha carta Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo, como miembros de la dirección política de la red Sendero Luminoso, le solicitaban al presidente de laRepública ingeniero Alberto Fujimori Fujimori conversaciones que conduzcan a un Acuerdo de Paz, acuerdo de cuya aplicación derive la conclusión de la guerra que desde hacía más de trece años vivía el país. Debo insistir en señalar, en precisión histórica, que dicho texto fue redactado de puño y letra por Abimael Guzmán y tal cual como me fue entregado dicho documento elaborado por él y Elena Iparraguirre, en sus propios términos y lenguaje epistolar, lo puse en manos de su destinatario: Alberto Fujimori. Esto ocurrió en las instalaciones del Servicio de Inteligencia Nacional, en circunstancias que el Jefe de Estado preparaba su viaje a la ciudad de Nueva York para asistir a la 48° Asamblea General de las Naciones Unidas.El día anterior a su presentación ante dicho organismo internacional, el presidente Fujimori tuvo una cena privada con el ex secretario de Estado Henry Kissinger, quien por esa fecha se encontraba residiendo en la ciudad de Nueva York, lugar donde tenía sus oficinas particulares. Esta fue ocasión para que Fujimori analizando con Kissinger la situación del terrorismo en el Perú y la nueva estrategia del Gobierno para enfrentar esa amenaza, le mostrara para su conocimiento la carta que había recibido de los dos principales dirigentes de Sendero Luminoso. Kissinger sorprendido por ese logro, y agradeciendo el gesto del Jefe de Estado de hacerle conocer dicho documento, felicitó al presidente Fujimori no sin antes reconocer que el Perú recién estaba en la línea correcta en materia de lucha contra el terrorismo.Y es así que el 1 de octubre de 1993 el presidente Fujimori, ante atónitos diplomáticos y funcionarios de Naciones Unidas, anunció al mundo, en un histórico discurso pronunciado ante la 48° Asamblea General, que después de trece años de cruenta guerra interna en el Perú, conflicto que había ocasionado decenas de miles de muertes y la pérdida de miles de millones de dólares por la destrucción de la infraestructura del país, los cabecillas de la red terrorista Sendero Luminoso, Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo, capitulaban ante el Estado. En una clara demostración de capitulación, le habían dirigido una comunicación escrita que en dicho acto Fujimori hizo pública ante la magna Asamblea, dando lectura a su texto para luego manifestar una rotunda negativa del Gobierno a un Acuerdo de Paz, pues su decisión política era la rendición incondicional de todos los dirigentes de dicha organización terrorista. Como es de suponer, este anuncio tuvo un fuerte impacto en la opinión pública nacional e internacional.
Ya de retorno al país, el presidente Fujimori dirigió un Mensaje a la Nación el 4 de octubre de 1993 en donde por primera vez dio a conocer a la ciudadanía que por disposición suya se había efectuado una aproximación sistemática a los cabecillas terroristas detenidos en la Base Naval del Callao. Esta aproximación se había hecho con el propósito de que los cabecillas terroristas tomen conciencia del peso específico del Estado peruano y de la situación real en que se encontraba su organización terrorista. Informó, además, que Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo aceptaban que el Gobierno había recuperado plenamente la autoridad en el país.Asimismo, el jefe del Estado fue muy claro en reafirmar que su gobierno no haría ninguna concesión que pudiera significar un riesgo o un retroceso al proceso de Pacificación Nacional y que si la dirigencia de la red Sendero Luminoso deseaba efectivamente evitar que prosiga la guerra interna en el país, tenía necesariamente que plantear a su organización el cese de todas las formas de lucha que viene llevando a cabo, y si se produjera esa situación recién el Gobierno adoptaría las medidas que sean necesarias para asegurar la paz en el país.Y así todo el Perú pudo ver entonces a Abimael Guzmán Reinoso —junto a Elena Albertina Iparraguirre Revoredo— dando lectura a la primera carta que le dirigieran al presidente Fujimori y de la cual dio cuenta a la Asamblea General de las Naciones Unidas y luego al país.Ahora bien, ¿cuál fue la reacción inicial entre las filas del senderismo sobre la primera carta de Guzmán e Iparraguirre solicitando conversaciones para un Acuerdo de Paz al presidente Fujimori?
En un principio, la reacción de la dirección partidaria senderista —tanto de lo que ellos llamaban “las luminosas trincheras de combate” (los penales) como la de los líderes fuera de la cárcel—pasó de la actitud inicial de sorpresa y desconcierto a una posición orientada a sosegar la incertidumbre de toda la militancia, para lo cual lanzaron inmediatamente una campaña de propaganda en el país y el extranjero en que sostenían diversas teorías explicativas de lo sucedido, entre las que podemos destacar tres.
—La primera: de incredulidad, pues sostenían que quien aparecía ante las pantallas de televisión firmando la carta no era Abimael Guzmán Reinoso, sino otro individuo adecuadamente trucado. Es decir, el hombre que lucía como Guzmán era un actor;
—La segunda: del abuso, que Guzmán había actuado bajo los efectos de sedantes e hipnotizado; y
—La tercera: la del impostor, que señalaba que Guzmán había sido asesinado y se estaba utilizando un sosias; por tanto, todo esto era una patraña fraguada por el gobierno de Fujimori.
El factor sorpresa utilizado por el ingeniero Fujimori descolocó a los dirigentes senderistas que se encontraban fuera de los penales. Estos estaban desconcertados, se mostraron totalmente incrédulos de haber visto en la televisión a sus máximos líderes capitulando, por lo que su primera reacción fue denunciar ese hecho como si fuera un montaje y una farsa aduciendo que no se puede aceptar “lo que va contra principios”, pues es norma comunista internacional “que no se dirige desde la cárcel”, siendo por ello imposible que el hombre que dirigió el inicio y desarrollo de la guerra popular hiciera un llamamiento para que el Partido celebrara conversaciones que conduzcan a un Acuerdo de Paz con el gobierno de Fujimori y que sea nada menos su “Presidente Gonzalo” quien propugne abandonar la guerra revolucionaria en el Perú.Habiendo mostrado el Comité Central de Sendero Luminoso —conformado por los líderes en libertad— la estrategia informativa que implementaría, así como los fundamentos ideopolíticos en que la sustentarían para restar validez a la capitulación de sus líderesluego de la aparición de estos en televisión, resultaba pertinente neutralizarla y desvirtuarla políticamente en todos sus extremos a fin de poder consolidar el proceso de capitulación en marcha. La mejor forma era con una nueva aparición pública que produciría un doble efecto: el primero, despejaría cualquier especulación, pues no se trataba de un impostor, de un individuo sedado o hipnotizado y de una patraña montada por el Gobierno, sino del propio Abimael Guzmán Reinoso, quien libre y espontáneamente expresaba su decisión de capitular; y segundo, nos permitiría sentar las bases para la división o escisión de Sendero Luminoso, que era el otro objetivo de inteligencia que me propusiera al desarrollar la Operación Especial de Inteligencia.
Con el propósito de alcanzar este último objetivo —en el marco de un esquema estratégico de buscar la división de la citada red terrorista— previsoriamente habíase establecido el cronograma que hacía posible que desde la segunda quincena del mes de septiembre de 1993, empezara el traslado progresivo de los miembros emblemáticos de la dirección central que cumplían condena en el penal de Yanamayo (ubicado en el departamento de Puno) con destino a Lima, a fin de que en el momento adecuado se puedan reunir con sus líderes en la prisión militar de la Base Naval del Callao. Estando a la autorización concedida por el Consejo Supremo de Justicia Militar, se dispuso ese traslado a la capital al encontrarse los referidos internos bajo su jurisdicción, ante la solicitud que formulara el Servicio de Inteligencia Nacional por razones de Seguridad Nacional.
En vista de las consideraciones precedentemente expuestas, el ingeniero Fujimori estuvo de acuerdo en que se efectúe una segunda aparición pública para cerrar el paso a mayores especulaciones que se podrían ir dando si es que no se aclaraba —por el propio Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo— las razones por las cuales los cabecillas terroristas habían formulado su petición de realizar conversaciones para un Acuerdo de Paz. Por lo tanto, se me autorizó realizar el contacto respectivo con estos dos líderes senderistas a fin de explicarles la situación existente y analizar —los tres— cuál sería el mejor curso de acción a seguir frente a este escenario.Con estos criterios orientadores me constituí de inmediato a la Base Naval del Callao. Allí me reuní, nuevamente, con Guzmán y su compañera en la sala de conferencias de la Dirección de Inteligencia Naval y les expuse la reacción de la dirigencia de su partido fuera de los penales después de su debut televisivo, mostrándoles toda la información de fuente abierta disponible y comentando la de fuente cerrada que sobre ese hecho teníamos en el Servicio de Inteligencia Nacional. Todo esto con el objeto de que procediéramos a la evaluación integral respectiva.Como línea de análisis di cuenta de la declaración emitida por el Comité Central del Partido Comunista del Perú (CC del PCP) después de la intervención del presidente Fujimori ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, y de la presentación televisiva en que Guzmán diera lectura a su primera carta dirigida al Jefe de Estado.
En dicho documento el citado comité plantea su posición advirtiendo que se trata de una patraña fabricada por la reacción “...en función de servir a esta necesidad contrarrevolucionaria —de aniquilar la guerra popular— y en su desesperación e impotencia ante el avance de la Guerra Popular y como parte de la guerra psicológica es que se ha montado la siniestra y proterva patraña que, por un lado, pretende infamar inútilmente al Presidente Gonzalo prosiguiendo su premeditado, alevoso y vesánico plan de aniquilarlo; y por otro, no es más que pregonar su negro sueño de capitulación de sendero (...) patraña burda y ridícula que nadie con dos adarmes de seso puede tomar en serio y que se esfumará, como sus antecesoras, ante el torbellino de la incesante Guerra Popular” (sic).Como una forma sutil de exaltar la vanidad de ambos, les manifesté a mis interlocutores que personalmente consideraba pertinente que en su calidad de líderes de la organización deberían desarrollar la línea y la estrategia en un nuevo documento, dando una orientación que marque el rumbo y los principios estratégicos de la nueva decisión histórica que habían formulado en la primera carta, pues estando a la posición del CC del PCP, lo fundamental era la línea ideológica y política, entendidas éstas como orientación y método para dirigir el partido prestando atención a la lucha de las dos líneas que —veíamos— se presentaba. Todo ello —insistí requería de análisis por la Jefatura, pues constituyendo la dirección una cuestión indispensable, les correspondía a ellos mantener la línea política correcta.Luego de mi intervención, ambos interlocutores estuvieron de acuerdo en que era “prudente y necesaria” la ampliación de la primera carta, pues —en su criterio— la guerra interna no podía desarrollarse sino sólo mantenerse porque no existe la dirección proletaria —que mantiene una línea política justa y correcta que sea capaz de desarrollar la guerra popular con rumbo y dirección de clase— ni la centralización estratégica y condiciones internacionales favorables como cuestiones indispensables que los dirigentes de afuera del CC del PCP, no estudian ni analizan.
Ante la coincidencia de opiniones convenimos con mis interlocutores a que en el plazo prudencial más breve, procedan a la redacción del nuevo documento, documento que ampliaría la primera carta y a la cual añadirían —a su primigenia petición— las consideraciones que estimaran convenientes. Así nos despedimos, dejándolos para que trabajen en la elaboración de lo que más tarde constituiría la segunda carta, documento que sirvió para consolidar el objetivo de la capitulación de Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre.Posteriormente nos volvimos a reunir en el mismo local de la Dirección de Inteligencia Naval, donde me presentaron el texto de lo que sería la otra carta dirigida al presidente Fujimori, para que procedamos en ese acto a debatir su contenido y reajustar la redacción —entre los tres y sin participación de otros—, lo que efectivamente se hizo y luego de pasada en limpio a mano por el propio Abimael Guzmán Reinoso fue debidamente firmada por los otorgantes, quienes emitían el citado documento imprimiendo su huella digital en señal de conformidad con el mismo. El documento fue fechado a los seis días del mes de octubre del año 1993. Me lo entregaron, no formulé observación alguna poniéndolo luego en conocimiento del jefe de Estado.
En esta carta felicitan al presidente Fujimori con los siguientes términos: “...y en lo que a nosotros más directamente se refiere, a partir de esa fecha y bajo su dirección política, ha desenvuelto una estrategia sistemática, coherente y desarrollada, en especial en el campo de la inteligencia, alcanzando reales éxitos principalmente con la captura de cuadros y dirigentes, entre ellos a nosotros los firmantes, lo que evidentemente constituye el más importante éxito del Estado peruano bajo su Jefatura, en esos trece años de guerra. De esta manera se visualiza favorablemente el camino que usted propende y lidera...” (sic).Asimismo, en dicho documento manifiestan que así como “... ayer bregaron por iniciar la guerra popular, hoy con igual firmeza y resolución se debe luchar por un Acuerdo de Paz por ser una decisión histórica de necesidad insoslayable, más aún considerando que la paz ha devenido en necesidad del pueblo, la nación y la sociedad peruana en su conjunto (...) siendo estas las razones por las cuales en nuestra anterior solicitud le pedimos y hoy reiteramos conversaciones que conduzcan a un Acuerdo de Paz de cuya aplicación permitirá concluir la guerra que desde hace trece años vive el país” (sic).Si consideramos que la red terrorista Sendero Luminoso ha producido una ola de violencia marcada por una creciente espiral luctuosa que ha ocasionado decenas de miles de vidas perdidas y miles de millones de dólares en pérdidas materiales, daños que superan largamente los sufridos por el Perú en la guerra por la Independencia Nacional y la infausta guerra con Chile, que son los mayores conflictos en los que se vio involucrado el país, frente a esa pavorosa realidad nos preguntamos válidamente:
¿Convenía a los altos intereses nacionales la capitulación de Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo?¿Era necesaria para la ansiada Pacificación Nacional lograr la división, escisión o ruptura orgánica de esta red terrorista después de trece años de guerra interna?¿Sirvió a los altos intereses nacionales haber logrado la capitulación de Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo?¿Servía a la Pacificación Nacional buscar la división, escisión o ruptura orgánica de la red terrorista Sendero Luminoso después de 13 años de guerra interna?Con la mayor objetividad posible y lejos de cualquier subjetivismo o apasionamiento, consideramos que después de trece años de guerra interna, el Perú requería conseguir la derrota estratégica de Sendero Luminoso en el dominio político —porque la lucha era y es política— para luego derrotarlo en el campo militar, y es en esa línea de pensamiento que busqué y logré la capitulación de la máxima jerarquía partidaria luego de un año de arduo trabajo respetando los derechos fundamentales de los dos líderes terroristas, confrontándolos en el terreno de las ideas bajo los lineamientos doctrinarios de la Guerra de Cuarta Generación y su variable principal la Guerra Asimétrica. Esto produjo un efecto político devastador al interior de esta organización, efecto que hasta hoy perdura debido a la crisis ideológica creada.Ese mismo día 6 de octubre de 1993 inicié una intensa actividad teniendo como norte mi otro objetivo: hacer realidad la división y ruptura orgánica de la red terrorista Sendero Luminoso para fragmentarla y neutralizar su letalidad en el país. Me entrevisté en primer lugar con Osmán Morote Barrionuevo (a) “Nicolás”, miembro del comité central que ya se encontraba en la Base Naval del Callao, quien al verme se quedó sorprendido y sólo atinó a saludarme.—Buenos días, doctor Montesinos. ¿A qué se debe su visita?—preguntó.—Buenos días, señor Morote. ¿Cómo me ha reconocido y sabe quién soy? —le pregunto a mi vez... Sin embargo, cumplo con el protocolo de presentarme formalmente.—Bueno...—Bien, soy Vladimiro Montesinos Torres, miembro del Servicio de Inteligencia Nacional. Vengo oficialmente a conversar con usted sobre los últimos acontecimientos de su partido.—Mucho gusto de conocerlo personalmente, doctor. Usted dirá—respondió Morote con buena predisposición, según pude percibir en su rostro.—¿Ha tenido usted la oportunidad de ver la presentación del señor Abimael Guzmán Reinoso y de la señora Elena Albertina Iparraguirre Revoredo solicitando conversaciones para un Acuerdo de Paz al presidente Fujimori? —pregunté como quien no quiere la cosa, tanteando la reacción de Morote.—Sí... Vi la primera presentación y hace poco rato han tenido la gentileza de permitirme ver una grabación en que aparece el doctor Guzmán acompañado de la camarada Miriam dando lectura a otra carta dirigida al presidente Fujimori.—Me alegro. Precisamente sobre ese tema desearía conversar con usted si me lo permite —agregué probando el terreno.—Está muy bien, doctor. Estoy dispuesto ha escucharlo. —Gracias, señor Morote —contesté.—Vea usted, para su información —continué— le comentaré que está en marcha hace un buen tiempo un proceso de conversaciones entre quien le habla, en su calidad de “interlocutor académico”, con el señor Guzmán y la señora Iparraguirre. Producto de las mismas son estas dos cartas, por lo que permítame ponerle a la vista los dos documentos originales que obran en mi poder para que los lea y vea que es la letra y firma de sus dos dirigentes.—Gracias, doctor. ¿Puedo leerlos? —preguntó Morote.—Por supuesto, para eso se los muestro... Me gustaría que conversemos sobre este tema.
Se produjo un breve silencio en el ambiente mientras, un Morote sereno y aplomado, leía con detenimiento carta por carta. Al finalizar la lectura me devuelve las misivas.—Gracias, doctor.—¿Qué opina usted, señor Morote, de estos dos documentos firmados por la máxima instancia de su partido?—Vea, doctor, yo soy un miembro titular del Comité Central, y como tal acato disciplinadamente la decisión de la Jefatura de mi partido... Pero, ese no es el problema, pues considero se debería explicar las razones de esta decisión a los compañeros que estánen las luminosas trincheras y a la militancia del exterior de los penales.—Me parece correcta su apreciación, señor Morote. ¿A usted le gustaría conversar esta situación con el señor Guzmán y la señora Iparraguirre?—Por supuesto, doctor... ¡Cómo no voy a querer conversar con el presidente Gonzalo y la camarada Miriam!Viendo la receptividad de Morote, le digo: —¡Entonces le doy una buena noticia! —¿Cuál, doctor?—Dentro de algunas horas vendrán por usted para llevarlo a una reunión con ellos. Allí nos veremos nuevamente.—Muchas gracias, doctor. Entonces me alistaré para el encuentro.—Hasta luego, señor Morote —y le extendí la mano. Él extiende la suya, y apretando la mía dice:—Hasta pronto, doctor. Gracias por este encuentro.—Bien —dije y me retiré para dirigirme al lugar donde estaba detenida María Guadalupe Pantoja Sánchez (a) “Doris”, otra integrante titular del comité central. Menudo trabajo que me esperaba... Pero lo hacía con mucha firmeza y con el convencimiento de que iba en la línea correcta para lograr la división de Sendero Luminoso, que era el otro objetivo de inteligencia buscado.Al llegar a la zona de reclusión donde estaba detenida dicha persona, indiqué que ingresaría para conversar con ella. Luego de las formalidades reglamentarias respectivas, la tenía frente a mí, custodiada en el interior de su ambiente por cuatro efectivos mujeres de la Dirección de Inteligencia Naval con el rostro cubierto con pasamontañas. Al verme ingresar los cuatro efectivos se pusieron de pie, simultáneamente, como un resorte que estaba comprimido y salta de pronto, circunstancia que aproveché para solicitarles me dejen a solas con la detenida. Se retiraron.María Guadalupe Pantoja Sánchez contemplaba en silencio la escena. Ya estando a solas con ella, le digo:—Por favor, siéntese señora, póngase usted cómoda. —Gracias, señor.—Señora Pantoja, ¿me permite usted que tome asiento en esta silla para conversar algunos temas de interés mutuo?—Sí, señor. ¿No tiene usted temor como sus compañeros militares de estar usted solo y sin armas frente a mí?—No, no tendría por qué tenerlo, pues veo en su rostro una actitud pacífica.—¿Qué?... ¿usted es psicólogo? —N000... Soy abogado.—Eso ya lo sabemos, doctor Montesinos —dijo con cierto tono burlón.Inmediatamente retruqué:—Pero también soy sociólogo egresado del Programa de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Para su información, uno de mis profesores fue el sociólogo Aracelio Castillo, conocido de ustedes en Ayacucho. ¿Lo recuerda usted?—Bueno, eso no lo sabíamos en el Partido. Tomo nota de ello... —respondió esta vez con un tonillo irónico.Nos reímos, y así empezó la conversación con esta menuda dirigente senderista, de humor a flor de piel y con quien cultivé una buena relación —para los fines de mi trabajo— al extremo de tomarme la libertad de ponerle el criptónimo de “Mexicana” por su segundo nombre, Guadalupe, al igual que a Osmán Morote Barrionuevo, a quien le decía “Nico” como diminutivo de su alias “Nicolás”.—Bueno, cumpliendo el protocolo me presentaré, señora Pantoja. Soy Vladimiro Montesinos Torres, miembro del Servicio de Inteligencia Nacional y, como le dije, desearía conversar con usted asuntos de mutuo interés.—Está bien, señor Montesinos —agregó.—¿Ha visto usted la intervención pública del señor Abimael Guzmán Reinoso y de Elena Iparraguirre Revoredo solicitando conversaciones para un Acuerdo de Paz al presidente Fujimori? —pregunté a boca de jarro.—Sí, he visto una sola aparición de ellos. No conozco de otra.—Entonces dispondré que nos muestren el video con una nueva grabación, ¿okey?—Como crea usted conveniente, señor.
Me levanté y le pedí al jefe de servicio que traiga un televisor y un equipo de VHS para ver el video con las últimas imágenes de Guzmán y compañía. En tanto le digo a mi interlocutora: ¿Usted conoce la letra del señor Guzmán?—Por supuesto, señor. ¿Cómo no voy a conocer la letra del presidente Gonzalo?—Correcto. Aquí le muestro los originales de las dos cartas firmadas por el señor Guzmán y la señora Iparraguirre dirigidas al presidente Fujimori. Le ruego las lea, principalmente esta —le dije, mostrándole la segunda carta. Ella se puso a leerlas en silencio demorándose en la lectura de la segunda, cuyo contenido desconocía. Al concluir me dice:—Bien, es la decisión del presidente Gonzalo y de la camarada Miriam. ¿Qué podría yo decir al respecto? —me respondió de modo tajante. Sentí como que no estaba de acuerdo y por eso le repregunté:—¿Cómo dice? ¿Usted está en desacuerdo con esa decisión?—Por favor, doctor, no interprete mis palabras. Cuando le digo “¿qué podría yo decir al respecto?”, significa que si la dirección de mi Partido ha tomado esa decisión los miembros del Comité Central tenemos que acatarla disciplinadamente.Casi igual discurso que el usado por Morote. Tenían el mismo molde conceptual, pensé.Fuimos súbitamente interrumpidos por el jefe de servicio:—Permiso, señor, para instalar los equipos y vean el video solicitado. El técnico aquí presente lo tiene en su poder.—Gracias, señor —respondí mientras el técnico de la Armada Peruana con su uniforme de faena y el rostro cubierto con un pasamontañas procedía a la instalación y luego con una seña indicó que estaba lista la cinta de video. Instantes después se retiró sin mencionar palabra alguna para evitar que lo identifiquen por su voz. Reí otra vez para mis adentros. Cogí el control remoto y presione “play”, y segundos después apareció la imagen de Guzmán. Con la señora Pantoja escuchamos en silencio la lectura de la carta. Al concluir le pregunto:
—¿Qué le parece, señora?—Impresionante el presidente Gonzalo, y qué serenidad la de la camarada Miriam.—Bien, ahora me despido por el momento, pues más tarde nos volveremos a ver con el señor Guzmán, la señora Iparraguirre y el señor Morote.
—¿Qué?... ¿Nicolás estará también presente?—Así es María Guadalupe. Nos vemos más tarde, pues tengo otras reuniones.Me retiré, y procedí a desplazarme a la zona donde estaba detenida la abogada Martha Huatay Ruiz (a) “Rosa”, militante perteneciente a la Asociación de Abogados Democráticos, un organismo de fachada de Sendero Luminoso. Al estar frente a ella pude observar que tenía similar custodia de cuatro efectivos mujeres de la Dirección de Inteligencia Naval igualmente con el rostro cubierto con pasamontañas. A ellas igualmente les solicité que se retiraran. Me dejaron a solas con la detenida, situación que aprovechó la señora Huatay para increparme con diversas exigencias.—Que no se retiren mis custodias. No quiero permanecer sola con esta persona. ¿Qué quiere usted conmigo? ¿Qué desea? ¿Por qué dispone se retire la custodia? Pido la presencia de mi abogado en este momento.
Ante ello dispuse permaneciera la custodia a fin de no darle ningún argumento de resistencia y calmarla. Luego le dije:—Tranquila, doctora Huatay. Por favor, desearía me permita hablarle unos minutos.—Usted es abogado y conoce muy bien que tengo derecho a contar con un letrado de mi libre elección para que me asista en este acto.—Efectivamente es su derecho ser asistida por una defensa técnica de libre elección para la toma de cualquier manifestación, y también tendría que estar presente un fiscal a fin de cautelar la legalidad. Pero... es el caso que yo no voy a tomarle su dicho. Al contrario, quisiera brindarle información actualizada del señor Guzmán y la señora Iparraguirre. Claro está, si usted lo permite. De lo contrario me retiraré.
—Ah, bueno... Eso es otra cosa. Lo escucho, pero que no se retire la custodia.¡Vaya —pensé—, qué tal carácter de esta mujercita! Luego dije:—Antes de que me escuche quisiera que veamos un video difundido hoy, y en que se aprecia a la dirigencia de su Partido solicitando al presidente Fujimori conversaciones para un Acuerdo de Paz.
—¿Dónde está el video y el televisor? —preguntó.—Un momento, doctora. Ahora, recién con su consentimiento gestionaré para que en este instante traigan el video con el televisor a fin de poder verlo juntos —respondí y me paré, pidiendo el equipo.Después de visualizar la grabación las seis personas que estábamos en el mismo ambiente, tomé la iniciativa a fin de no darle tiempo diciéndole:—Doctora Huatay, en este acto se le pone a la vista los originales de las dos cartas dirigidas por el señor Guzmán y la señora Iparraguirre al presidente Fujimori. Por favor, le rogaría leerlas.Recibió las cartas y procedió a leerlas ceremoniosamente, con la parsimonia propia de los abogados. Al concluir tomó la iniciativa manifestando:—Usted ha sido militar y sabe que cuando el comando adopta una decisión los escalones subordinados deben cumplirla sin dudas ni murmuraciones. En este caso, en mi colina, cuando el presidente Gonzalo como Jefatura y la camarada Miriam como Dirección adoptan una decisión, todos debemos acatarla disciplinadamente, de implementarla.¡Uf! ... ¡Qué alivio sentí al escucharla! Entonces rápidamente le digo:—Veo que usted tiene las cosas muy claras, de modo que ya no caben mayores comentarios de mi parte. Más tarde nos veremos con los líderes de su Partido, y ahí podrán ustedes dialogar libremente.—Muy bien, doctor Montesinos, usted también es sabedor del aforismo jurídico “Roma Locutta, Causa Finita”, “Roma habló, la causa terminó”. La Jefatura habló y eso es.—Ah... disculpe, doctora Huatay. Por la emoción de ver a una colega no cumplí con el protocolo de presentarme y como usted también conoce los abogados podemos integrar cualquier pedido. Soy Vladimiro Montesinos Torres, miembro del Servicio de Inteligencia Nacional, a sus órdenes.—Sí... señor... Y bien que lo sabemos, ¿no?—Me alegro por ello y me despido hasta más tarde. Gracias por su atención colega —dije y ante ello Huatay me mira y responde con fino humor:
—Vaya no más colega... Recuerde que entre gitanos no podemos adivinarnos la suerte —añadió y acto seguido soltó una carcajada, mientras las cuatro custodias desconcertadas contemplaban la escena.Ya contabilizaba tres entrevistas, pero aún me faltaba conversar con Rosa Angélica Salas La Cruz (a) “Lucía”, integrante del departamento central (DC), uno de los organismos de dirección partidaria de Sendero Luminoso. “Lucía” era una especie desecretaria privada del llamado “Presidente Gonzalo”. El DC estaba dirigido personalmente por Elena Albertina Iparraguirre Revoredo (a) “Miriam” y estaba conformado por un selecto grupo de militantes, todas ellas mujeres que vivían junto al líder, teniendo la responsabilidad de elaborar documentos para retransmitir las diversas disposiciones del Comité Central a las distintas instancias partidarias.Esta vez, por razones de estrategia y a fin de hacer más fluido el diálogo, le pedí al jefe del servicio que previo ami ingreso instalaran el televisor y el VHS en el lugar de detención, de modo que cuando llegara ya debían estar ubicados en el lugar requerido. Es por eso que al ingresar lo primero que hice fue presentarme.
—Señora Salas, soy Vladimiro Montesinos Torres, miembro del Servicio de Inteligencia Nacional y vengo a darle noticias sobre el señor Guzmán... —dije, pero la mujer no me dejó terminar.—¿Qué? ¿Usted ha visto al presidente Gonzalo? ¿Cómo está? ¿Y la camarada Miriam, qué sabe de ella?—Sí, señora Salas, para su información y conocimiento estoy en contacto permanente con ellos y venimos desarrollando un proceso de conversaciones hace un año, y de ese tema quería hablarle. Pero antes le rogaría permita se retiren las cuatro custodias a fin de conversar solos. ¿Okey?—Por supuesto, señor, no tengo ningún inconveniente a ello. Además veo su rostro y me dice que es una persona tranquila. Que se retiren, señor.—Señora Salas, ¿usted que ha estado cerca del señor Guzmán, conoce su letra?—Por supuesto, ¿cómo no voy a conocer la letra del jefe de mi Partido? ¿Por qué me pregunta eso, señor?—Porque voy a mostrarle estas dos cartas originales de puño y letra del señor Guzmán, con su respectiva firma y huella digital y con la firma de la señora Iparraguirre y huella digital correspondiente.—¿Puedo leerlas?—Sí... pero, previamente vamos a ver la grabación en que el señor Guzmán lee la última carta que es una ampliación de la primera.
—Está bien, señor, y después de ello leeré estos documentos.
Puse “play” y empezaron a verse las imágenes esperadas. “Lucía” escuchaba muy sorprendida, según pude percibir en sus gestos y ademanes, y al concluir la visualización de la cinta inmediatamente se puso a leer las cartas. Cuando terminó, le pregunto:—¿Está usted de acuerdo con la decisión de la jefatura de su partido?—¿Pero cómo no lo voy a estar si estoy viendo y leyendo estos documentos? Lo que no tengo claro es cómo se han desarrollado las conversaciones entre las dos colinas para que el presidente Gonzalo adopte esa decisión. Usted dice que ha estado en contacto con ellos. ¿Me podría usted explicar eso, señor?—Con mucho gusto, señora... Pero considero que quien mejor le podría explicar el tema es el propio señor Guzmán —le replico y ella me interrumpe y me dice:—¿De sus palabras debo colegir que veré al presidente Gonzalo y a la camarada Miriam?—Así es... Nos veremos dentro de un rato con ellos, y además estarán presentes el señor Morote, la señora Pantoja y mi colega la doctora Huatay.—¿Qué...? ¿Usted habló con ellos? ¿Qué opinan?—Sí, he hablado con ellos y me dicen los tres que si la Jefatura habló, todos tienen que cumplir su decisión.—Vaya, qué bueno, señor.—Entonces hasta más tarde —le respondí y salí para tomar un descanso antes de comenzar la segunda parte del trabajo que sería una reunión entre las cuatro referidas personas y su jefatura partidaria, con mi presencia obligatoria. Menuda tarea que tenía por delante... Pero dando pasos cortos y mirando lejos, pues la misión debía alcanzar su segundo objetivo, que era lograr la división de Sendero Luminoso.Siendo consciente de que un viraje radical, de ciento ochenta grados, en la línea ideológica y doctrinaria de la red terrorista Sendero Luminoso encontraría muchísima resistencia en su militancia partidaria, particularmente en la dirigencia fuera de los penales, pues siempre éstos han tenido como línea estratégica señalada por la misma Jefatura, que cualquier negociación propuesta es una capitulación en el Partido. En este sentido, la nueva posición de Abimael Guzmán Reinoso y Elena Iparraguirre Revoredo aparecía como contraria a todo lo que habían sostenido hasta antes de su captura. Esto ocasionaría, inevitablemente, un cisma ideológico al interior del senderismo, el mismo que se expresaría en la agudización de la lucha de las dos líneas, que es precisamente lo que se buscaba. Ese hecho produciría definitivamente la división de Sendero Luminoso, el objetivo de inteligencia, reitero, que tenía como misión en esta parte de la operación.A estas alturas de la operación tenía muy claro el panorama: si quería cumplir con la misión de dividir y hacer realidad la ruptura orgánica de Sendero Luminoso dentro del esquema estratégico propuesto, debía previamente lograr que la dirección senderista recluida en los diversos penales del país, haga suya la nueva posición de Guzmán e Iparraguirre. La mejor táctica para poder viabilizar ese objetivo era traerlos a Lima y luego juntarlos con sus cabecillas en la prisión de la Base Naval del Callao para que allí el llamado “Presidente Gonzalo” imponga su liderazgo orgánico e ideológico, cuasi divino, y los convenza de la conveniencia de asumir la línea que él proponía. Luego trabajarían juntos, en equipo, para darle forma a la fundamentación de la nueva “Gran Decisión y Definición”.Para todo ello se tenía que facilitar el desplazamiento supervisado de estos dirigentes senderistas desde las diferentes prisiones del país, empezando por las de Lima, a fin de impulsar el Acuerdo de Paz. Al movilizar a los detenidos ocurría que los familiares, involuntariamente se convertían en faja de transmisión de mensajes que permitían lograr que el Partido y sus bases asuman luchar por el supradicho acuerdo, alineando así a los militantes con la propuesta de Abimael Guzmán Reinoso. Todo ello, en suma, con el evidente objetivo de conseguir la división de Sendero Luminoso.En tal sentido la presencia en Lima de los dirigentes senderistas Osmán Morote Barrionuevo, María Guadalupe Pantoja Sánchez, Martha Huatay Ruiz y Rosa Angélica Salas La Cruz, obedecía a este propósito estratégico, y la entrevista inicial que sostuviera con ellos me convenció de que todos ellos estaban dispuestos a que sea el propio Guzmán quien les presente la nueva posición de la Jefatura de su partido para que terminen haciéndola suya y luego la difundan en todos los penales de acuerdo con la línea de acción prevista.Es por ello que cuando vuelvo a reunirme con Guzmán y la “camarada Miriam”, los puse al corriente de las visitas que había llevado a cabo con cada uno de los cuatro dirigentes de su red terrorista y, desde luego, de la gran receptividad que encontré en los mismos respecto a la disposición de acatar disciplinadamente sus decisiones partidarias, puestas de manifiesto en las dos cartas dirigidas al presidente Fujimori. Por ello y de común acuerdo entre las dos partes se decidió que los dirigentes senderistas mencionados líneas arriba fueran incorporados a la reunión conjunta que llevaríamos a cabo, uno por uno.El primero en ingresar a la sala de conferencias de la Dirección de Inteligencia Naval donde estábamos reunidos, fue Osmán Morote Barrionuevo. Este se dirigió hacia donde estaba Guzmán y se paró frente a él:—Gusto de verlo, presidente Gonzalo. A usted y a la camarada Miriam.Ambos se abrazaron, y acto seguido Morote exclamó: “¡Larga vida presidente en la Jefatura del Partido!” Luego se dirigió donde estaba Iparraguirre.—Gusto de verla camarada Miriam —le dice. Y los dos también se abrazan. Luego se acerca al lugar donde yo estaba ubicado observando el ritual del encuentro.—Gusto de verlo nuevamente, doctor. Gracias por hacer posible este encuentro con la jefatura de mi Partido.—Es mi trabajo, señor Morote. Por favor, tome asiento al costado derecho del señor Guzmán para que ingrese su otra compañera.En eso anuncian el ingreso de María Guadalupe Pantoja Sánchez, quien a paso ligero se acerca donde Guzmán y lo abraza dándole un beso en la mejilla.—Es un honor estar de nuevo con usted, presidente Gonzalo, y ver a su lado a la camarada Miriam.—Gracias, camarada Doris —responde emocionado Guzmán.—¡Larga vida presidente en la jefatura del Partido! —exclama y enseguida se confunde en un largo abrazo con la señora Iparraguirre.—¡Qué alegría de verla, camarada Miriam! —le dice. Ambas se dan un beso en la mejilla.—Gracias, Doris —responde Elena Iparraguirre y luego, dirigiéndose a mi persona pregunta:—Doctor Montesinos, ¿dónde se sienta la camarada Doris? —A su costado, señora Elena.—Gracias. ¡Siéntate acá Doris! —ordena Elena Iparraguirre.“Doris” me hace una venia de saludo antes de sentarse, al cual respondo con otra venia y una sonrisa. Acto seguido hace su ingreso la abogada Martha Huatay Ruiz y al ver a Guzmán se pone a llorar, lo abraza y le dice:—Presidente, ¡qué alegría que esté vivo al igual que la camarada Miriam! ¡Yo pensé que la reacción atentaría contra sus vidas!—Estoy bien, camarada Rosa —contesta calmadamente Guzmán.—¡Larga vida presidente en la jefatura del Partido! —exclama Huatay y luego se dirige a la señora Iparraguirre; ambas se abrazan y besan en la mejilla. “Miriam” le pide a la “camarada Rosa” que se siente al costado de “Doris”, pero antes de hacerlo se acerca donde me encontraba y dice:—Veo que cumplió su palabra. Empezamos bien los gitanos —me dice en voz baja, ya sin el llanto inicial y se sienta donde le indicaron. De pronto hace su ingreso Rosa Angélica Salas La Cruz con el típico aire de secretaria de Guzmán y le dice:—Presidente, ¿tomó usted sus medicinas? Estaba preocupada, ¡no sabía si comía su dieta! ¡Veo que están bien!—Sí, gracias camarada Lucía —responde Guzmán.—¡Larga vida presidente en la jefatura del Partido! —repite la “camarada Lucía” por cuarta vez, y a continuación se abraza con “Miriam”, a quien le da un beso en la mejilla. Luego se acerca donde me encontraba y exclama:—¡Gusto de verlo de nuevo, señor!—De igual modo, señora —le contesto.—¿Dónde tomo asiento? —pregunta “Lucía”.—En el sitio que indique la señora Iparraguirre —le respondo, ante lo cual “Miriam” le dice:—Camarada Lucía, ubíquese al costado del camarada Nicolás.—Comprendido, camarada Miriam.Nos encontrábamos, pues, reunidos en un mismo ambiente los seis integrantes de la dirección central de la red terrorista Sendero Luminoso y mi persona. No había en la sala de conferencias de la Dirección de Inteligencia Naval ningún custodio y ya las conversaciones se podían llevar a cabo como habían sido previstas, con la mayor normalidad posible. Siendo así, le solicité a Abimael Guzmán Reinoso procediera a exponer la posición de la dirección política ante sus partidarios, a fin de que éstos conozcan las razones por las cuales deberían luchar con firmeza por un Acuerdo de Paz como necesidad histórica insoslayable, es decir que sean conscientes y estén informados de que este Acuerdo demandaría suspender las acciones de la guerra popular en el Perú, pues ya no existían perspectivas futuras para su desarrollo, y menos tenía ya ninguna posibilidad de éxito, de tal modo que posteriormente todos en equipo procederían a analizar la situación que enfrentaban.Concluida la exposición de Abimael Guzmán Reinoso, hizo uso de la palabra la camarada “Miriam”, a fin de integrar los fundamentos de la medida adoptada, señalando que la cuestión de dirección es decisiva en su partido y que como no podía ser resuelta en buen tiempo no había otro camino que luchar por un Acuerdo de Paz. Por ello pidió autorización a Guzmán para que dejara abierta la instancia correspondiente, a efectos de que los integrantes de la dirección central reunidos procedan a expresar sus opiniones y formulen sus planteamientos. De esta forma se podría tomar una decisión consensuada sobre los pasos a seguir basándose en las dos cartas remitidas por la Jefatura al presidente Fujimori.Iniciado el debate interno, los miembros de la dirección central senderista expresaron sus diversos puntos de vista y apreciaciones, haciendo suya por unanimidad la posición de Guzmán. Todos estuvieron de acuerdo respecto de que al Partido no le quedaba otro camino que recurrir como solución al problema de dirección, buscar un Acuerdo de Paz y estando a la situación existente debían cesar además las acciones de guerra interna en el país, en buena cuenta: capitular.Llegados a este punto, y habiendo concluido en la necesidad de adoptar una decisión para implementar esta estrategia, me formularon los siguientes pedidos:—Primero, que se autorizara a los cuatro dirigentes presentes a permanecer en la Base Naval del Callao, junto con Guzmán e Iparraguirre para trabajar en equipo la fundamentación de la nueva Gran Decisión y Definición: el Acuerdo de Paz;—Segundo, que al hacerse pública la segunda carta puedan estar presentes los cuatro precitados miembros de la dirección partidaria flanqueando a la Jefatura en su presentación televisiva para dar una imagen de unidad monolítica frente al grupo escisionista que ya encabezaba Oscar Ramírez Durand (a) “Feliciano”;—Tercero, que se permita en un plazo no mayor de tres semanas que los cuatro dirigentes presentes emitan un pronunciamiento público de apoyo a la decisión de la jefatura de dirigir las dos cartas al presidente Fujimori solicitando conversaciones para el Acuerdo de Paz;—Cuarto, que se autorizara el traslado a la Base Naval del Callao de otros dirigentes del comité central recluidos en diversos penales, cuyos nombres se proporcionaría oportunamente, para quese integren al grupo de trabajo presente y ayuden a fundamentar la Gran Decisión y Definición: el Acuerdo de Paz;—Quinto, que se autorizara y facilitara el desplazamiento de los dirigentes que señale la jefatura por las diversas prisiones del país, para lograr el apoyo de la militancia al Acuerdo de Paz;—Sexto, que se les permita tener acceso a los medios de comunicación para disponer información sobre el acontecer nacional e internacional;—Séptimo, que se autorizara a los miembros de la dirección que visiten los penales para que puedan entrevistarse con su militancia e instruirlos sobre el Acuerdo de Paz;—Octavo, que se permita a los miembros de la dirección que visiten los penales para que puedan entrevistarse con sus familiares a fin de que los visiten y explicarles el Acuerdo de Paz.Vistos los pedidos formulados por Abimael Guzmán Reinoso, y considerando que la Operación Especial de Inteligencia tenía como objetivos de inteligencia, la capitulación de los líderes terroristas y la división o escisión de la red Sendero Luminoso; que dentro de ese esquema estratégico los pedidos formulados son compatibles con los dos objetivos propuestos; que siendo necesario consolidar la capitulación de Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo; que para lograr la división de la red terrorista Sendero Luminoso es necesario producir un cisma ideológico de gran magnitud al interior de dicha organización; que este cisma debe agudizar las contradicciones internas y por ende genera la lucha antagónica de las dos líneas; que, para viabilizar ello es esencial diseñar los fundamentos conceptuales que brinden sustento a la decisión adoptada por la jefatura senderista; que, siendo de utilidad el pronunciamiento de apoyo de los cuatro miembros de la dirección central a la decisión de sus cabecillas; que, en este orden de ideas resulta conveniente que se incorporen al grupo de trabajo otros miembros de la dirección central recluidos en diversos penales; que, en orden a esta estrategia resulta necesario el desplazamiento de dirigentes por las diversas prisiones del país; que, igualmente es conveniente brindarles acceso a los medios decomunicación sin restricción alguna; que por tales consideraciones se resolvió admitir las peticiones solicitadas, agregando las reglas siguientes:—Primero, quepo habráningún tipo de censura en la documentac ión que estructuren ya sea en equipo o individualmente;—Segundo, que sin perjuicio de lo anterior todo documento que elaboren —antes de ser difundido— deberá ser entregado al Jefe de Servicio para fotocopiarlo y ponerlo en conocimiento del escalón superior correspondiente;—Tercero, que en el término de 48 horas deberán proporcionar la relación nominal de los miembros de la dirección central que serían traídos a Lima;—Cuarto, que se debe comunicar los nombres de aquellos dirigentes que se desplazarán a los diferentes penales del país para los fines del apoyo logístico respectivo y la adopción de las medidas de seguridad;—Quinto, que en cada penal habrá un funcionario del Servicio de Inteligencia Nacional, el cual se identificará mostrando —como santo y seña— un gemelo de puño de camisa que será similar al que llevará cada dirigente al momento de desplazarse al penal asignado;—Sexto, que el citado funcionario será encargado de facilitar la comunicación entre los internos de Sendero Luminoso recluidos con el dirigente que se desplazaría desde Lima;—Séptimo, que asimismo, dicho funcionario viabilizará las comunicaciones personales, y de cualquier otra índole, con los familiares que visiten los penales, a fin de evitar les requisen aquellos documentos que servirán para informar a la militancia de la nueva Gran Decisión y Definición.—Octavo, cualquier otro requerimiento para los fines antes mencionados, será atendido en las provincias por el personal del Servicio de Inteligencia Nacional destacado a los penales y en Limadirectamente por el interlocutor académico.Concluida la reunión se dispuso que los cuatro dirigentes senderistas permanezcan recluidos con los cabecillas de su organización en la misma prisión militar de la Base Naval del Callao, para que, de acuerdo a lo pactado, trabajen en equipo los fundamentos solicitados, debiéndoseles proporcionar no sólo los útiles de escritorio requeridos, sino también brindarles las facilidades a fin de que puedan permanecer juntos durante todo el día. Respecto a la alimentación se coordinó para que se mejore sustantivamente el rancho, como aporte al bienestar de los seis internos. Con relación a las actividades recreativas se logró que se les permitiera ver televisión y proyectar algunas películas, además de acceso a medios de comunicación, pues en el curso de esta operación —bajo mi directa responsabilidad— se tenía que respetar los derechos fundamentales de estos actores no estatales que se habían alzado en armas contra el Estado peruano. Esta era una forma de demostrarles la superioridad moral del Estado que querían destruir para instaurar la República Popular de Nueva Democracia e implantar el comunismo en el país.El 8 de octubre de 1993 retorné a la Base Naval del Callao, pues el ingeniero Fujimori dispuso se diera publicidad a la segunda carta que permitió consolidar la capitulación definitiva de la dirección política de la red terrorista Sendero Luminoso conformada por Abimael Guzmán Reinoso y Elena Albertina Iparraguirre Revoredo como los dos dirigentes principales de mayor jerarquía del comité permanente de esta red. Ellos, en su presentación en televisión estuvieron flanqueados por los cuatro precitados miembros de la dirección partidariaAsí culminó el proceso merced al cual se alcanzó el primer objetivo de inteligencia que me propusiera al iniciar la Operación Especial de Inteligencia. Es a partir de esta nueva difusión pública que se sentaron las bases para agudizar las contradicciones al interior de la organización terrorista con miras a producir la lucha antagónica de las dos líneas, a fin de producir la división y ruptura orgánica de Sendero Luminoso, que era el otro objetivo de inteligencia que se buscaba.

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